Los girasoles ciegos

domingo, 10 de mayo de 2009



- No es eso, Elena, es estupor. No haber perdido una guerra que ya estaba perdida el día que empezó, es otra cosa.

- ¿El qué?

- Que alguien quiera matarme no por lo que he hecho, sino por lo que pienso...y, lo que es peor, si quiero pensar lo que pienso, tendré que desear que mueran otros por lo que piensan ellos. Yo no quiero que nuestros hijos tengan que matar o morir por lo que piensan.

Rompió en un lamento sofocado, gutural y sordo, que su mujer fue rebañando con los labios, buscando con su lengua los ojos de su esposo y apretando sus labios contra el llanto. Gota a gota, fue sorbiendo el dolor de su marido. Y también su rabia. (...)



de Alberto Méndez, Los girasoles ciegos.



Traspasado el umbral de sesenta primaveras, y habiendo leído centenares de libros como su profesión lo demandaba, se lo replanteó. Supongo que lo habría meditado con anterioridad. Y ya humeada la duda, sembró un libro en medio del bosque donde abundan los best-sellers, las autoayudas y otras cosas que destacan por lo inocuo de sus palpitares. El libro creció lentamente y el autor era tan desconocido que hasta el suplemento cultural del diario El Mundo había ilustrado una fotografía errónea para mostrar al verdadero autor.

Los girasoles ciegos (2004), fue su opera prima y su epitafio final. Y todo un resplandeciente rubí de la literatura contemporánea española. Alberto Méndez reúne cuatro cuentos como las cuatro décadas que envolvieron este país en una espesa neblina franquista. En ellas, sus protagonistas deambulan derrotados, desorientados y arrastrando una encadenada soledad, surgida por el conflicto fratricida (1936-1939) que padeció en carne viva y estupor toda una sociedad. Enlazadas entre sí sutilmente, el autor relata cómo tras esta guerra civil los vencidos buscan vivir y responder ante la duda que les carcome en el interior: ¿Qué es un vencido de los vencidos?

Méndez resurge de las cenizas aubianas y describe, haciendo uso de diferentes soportes narrativos y con un lirismo poético más fulgurante y arrollador del que podría haber imaginado el propio Gabriel Celaya, la memoria olvidada para hacer de ella -como dijo en su día Carlos Piera- nuestra existencia en el vacío. Con un realismo propio en él y recogiendo algunos hechos autobiográficos, hace que de los muertos del paredón de fusilamiento recobran el aliento unos y que otros, los poetas y escritores malditos por pensar como piensan, malditos, busquen salir de la ratonera, de los nidos alambrados por feroces águilas negras, consumidoras de rapiña.



Como historiador sé que muchos academicistas de mi templo dirán que ante la amnesia y el olvido, uno debe leer. Y creo que es un error. Todos podemos leer de corrido, memorizar acontecimientos para simular ser un Larousse bípedo. Más allá, hay que ocupar el vacío, ser cada personaje de estas cuatro derrotas y así, impedir que nuestros hijos se conviertan en Abel y Caín.

Y acaso deba agradecer también la magia de la pantalla y su regazo en el cual se sienta este libro de Alberto Méndez. Más cuando viene dada por dos grandes del séptimo arte español, tal y como son José Luis Cuerda y el ya lamentablemente desaparecido Rafael Azcona (sin olvidar a la intachable Maribel Verdú y Javier Cámara).







Los girasoles ciegos

Título: Los girasoles ciegos
Año: 2008.
País: España.
Dirección: José Luis Cuerda.
Guión: José Luis Cuerda, Rafael Azcona, basado en el libro de Alberto Méndez, Los girasoles ciegos.
Música: Lucio Godoy.
Fotografía: Hans Burmann.
Reparto: Maribel Verdú (Elena), Javier Cámara (Ricardo), Raúl Arévalo (diácono Salvador), Roger Príncep (Lorenzo), Jose Ángel Egido (Rector), Martín Rivas (Lalo), Irene Escolar (Elenita).
Producción: José Luis Cuerda, Fernando Bovaira, Emiliano Otegui.

3 comentarios:

Liedchen dijo...

Recomendando el libro?? He visto la peli, y me gustó bastante... Lo apunto ;)

Un beso

carmen

kiram dijo...

Ante la amnesia, la única solución es el recuerdo. Esforzarse en recordar, leyendo, hablando, o simplemente siendo capaz de escuchar.
La película me gustó, y me gustaría leer el libro, ojalá todos pudieran valorar lo que fue este país hace años, aunque sólo sea para aprender a respetarnos un poquito.

Diebelz dijo...

Totalmente de acuerdo con ambas! Yo había visto la peli hace poco, habiendo leído con anterioridad el libro y lo dicho: igual de bueno que el libro!

Salu2 !

 
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