León Gieco

domingo, 5 de julio de 2009



El tiempo transcurre y sufre una corroída náusea, moretones grises por esa vorágine más abyecta y atroz que golpea sin cesar. Los tanques impiden el paso desnudo, las balas silencian las casas y el miedo, con su cetro, se asienta en su reino. Bob Dylan se preguntaba cuánto tiempo habría que esperar este calvario y creía que la respuesta my friend, is blowin' in the wind.

Pero entonces sube al escenario un hombre embarnecido de negro a lo Johnny Cash, enluciendo un rostro risueño y torcida tímidez. Clava sus enlucidos iris de esperanza, tensos y cargados de rebeldía ante su hinchada que lo encaraman a los cielos de Víctor Jara. Están eufóricos por la inyección que donó Luis Quintana en su presentación como fiel y sempiterno embajador de nuestra isla musical. Argentinos con dieces de Maradona, uruguayos reivindicando su lugar a la otra orilla del Río de la Plata, canarios más bonaerenses que el mate y otros que con avispados gestos celebran el lugar sin patria ni bandera que posa sobre la guitarra pictórica del León. El León, el Bandolero del futuro que aloja sus manos sobre su cinturón de cartuchos de armónicas y desafía a las máquinas y la inmundicia que enferma este mundo.



León Gieco presentó su verdadero rostro, el cercano y humilde -con sus gozosos chistes- que uno es incapaz de tocar en esos inmensos estadios al otro lado del charco (me alienta el surrealismo cuando observo al hombre que es capaz de llenar esos estadios,sin pretextos futbolísticos, sobre un escenario donde bailan los borrachos de la noche, los clientes apuestos de esta Sala Paraninfo). Sólo y acompañado hizo de maestro como se lo vocifera dulcemente la hinchada: ¡Sos un Maestro! Asi que trajo fotos, imágenes rodantes, canciones lejanas e indicó los gestos adecuados. Por ejemplo, cuando se canta La colina de la vida y salen a relucir imágenes de Onganía o Videla, tienes que mostrar el corte de manga. Y si le lanzas a estos militares un honesto insulto, mejor que mejor. León pero también tiene aparte de sus legendarias canciones como Hombres de Hierro, En el país de la Libertad o La Memoria (Sólo le pido a Dios como que ni hace falta mencionar...), también otros temas que acaso poseen mucho valor para él y la lucha del canto. Ahí cantó a Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Mercedes Sosa ( y a Elena Walsh), Sixto Palavecino, Charly García y otros tantos artistas que florecieron en su continente. Pero homenajear no es iluminar grandes nombres, sino ante todo a quienes luchan en la anónima cotinianidad, a Pocho con su bicicleta o a Francisca y sus lunes de perfumes.

El León es y será un maestro sin etiquetas que nos enseña con sus armónicas y rifeos cantar subversivamente ante este gripazo milenario. Un bandolero futurista como emanado del paisaje idílico de Haroldo Conti, anunciando que en esta sempiterna lucha existe la obligación de vivir, amar y luchar risueñamente para alcanzar el vuelo brisáceo de Dylan, el día de la libertad, el flipe genial y el canto del futuro.

Grande León, grande tu concierto.

3 comentarios:

Jose Ivan dijo...

Amén, Walter, amén, yo no conocia a este grande de la música y no me arrepiento en haber ido al concierto. Y vibrante el publico también, espectante ante las canciones de León.

Diebelz dijo...

Hombre Jose! Me alegro de tu comentario y esta reafirmación!

Ya nos vemos !

Liedchen dijo...

Wow.. Que manera de transportarnos allí!

Un beso, gran crónica

carmen.-

 
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