Al Sur

jueves, 13 de agosto de 2009



Acaso nunca me fui de ese Sur que bebía de un recipiente de calabaza, que soñaba exhalando humaredas, anhelaba con los versos de Girondo y miraba con los lienzos de Liberti. Lo buscaba y no encontraba. Pero cierto día me desperté y decidí invocar al viento, confiándole como hizo en su día Alejandra Pizarnik, el deseo de ser. Quise con ansia morir para vivir y decidí buscar el Sur, impedir con todas mis fuerzas convertirme en un verso del lamento por el Sur de Salvatore Quasimodo. Quise aliviar a mi mochila y a mis suelas de zapatos el tormento que padecían todas las noches con sus pesadillas; sacudirles el polvo que las atrapaba como un velo mortuorio. Lo mismo que mi cuaderno rojo de viajes donde se lamentaban las hojas pálidas.

Tango celestial, de Juan Carlos Liberti.


Pero todo cambia cuando surge la rebeldía de fierro en el interior de uno y busca el lugar donde dormir bajo la intemperie estrellada. He vuelto a sonreirle a mi mochila y a mi soledad compañera. Juntos y solos, ante los dilatados ojos de mis compañeros y familiares, vuelvo a salir al mundo. Como en aquellas ocasiones que pateaba a solas Europa. Y no en balde, viajar nunca se viaja solo. Recuerdo cervezas y excursiones compartidas con catalanas, conversaciones con el brasileño que intentaba superar el récord de Willy Fog, un pituco newyorquino dándose un Euro-trip con American Card, unos jóvenes tinerfeños de FP descubriendo los horrores de la humanidad en un campo de concentración y un periodista hospedado en la barra de un bar, revisando la entrevista que iba a realizar a los empresarios del parlamento europeo. Y junto a estos encuentros de los desencuentros trazados, están también esos instantes de soledad. Se describen como un croquis: el frescor del vidrio sobre la frente, el rincón de un café donde bebes las nostalgias, los paisajes que se funden en el horizonte y sobre ella el azul oscuro que cae como un dulce telón.

Me voy. Me voy a morir con los sueños y buscando el Sur. Vuelvo a ese Sur que soñaba y cantaba el polaco Goyeneche:




Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón.

Sueño el Sur,
inmensa luna, cielo al reves,
busco el Sur,
el tiempo abierto, y su después.

Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.

Te quiero Sur,
Sur, te quiero.

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.
Vuelvo al Sur,
llevo el Sur,
te quiero Sur,
te quiero Sur...



3 comentarios:

Yaiza dijo...

Y si vuelves al Sur seguro que traerás montones de anécdotas en tu mochila. A ver si nos sigues alegrando con texos tan bonitos como estos.

"Vuelvo al Sur/llevo el Sur/te quiero Sur..."

Un beso!!

Porsela dijo...

Qué placer volver a tener tiempo para leerte! Un besito.

kiram dijo...

Volver al Sur...una vuelta al hogar, aunque no sea el mismo para todos ;)
Un beso!

 
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