Casas cantantes en Abastos

domingo, 30 de agosto de 2009



Algo sabía de lo que podían albergar los habitáculos de las casas: fantasmas, amores eternos, acontecimientos cúlmenes... Pero si alguien se baja en cierto lugar de Buenos Aires, entonces observará que las casas son capaces de vestirse y galantear con los viandantes, seducirlos con sus cantos. Si, las casas cantan aquí.

Casas fileteadas y al costado la casa de Gardel.


La razón por la cual las casas son capaces de cantar es muy simple: viven en Abastos. Aunque los mercados de antaño son suplidos por centros comerciales, los cantos de los comerciantes y vendedores emulados por roncos CD's en los Cafés, los camiones desnudados de sus coloridos fileteados...las casas le cantan a la nostalgia. Están aplastadas por la intemperie celeste pero no se rinden; viven y conservan lo que han visto pasar ante sí. Sus parisinos contornos se colorean con el fileteado de los camiones que han aparcado ante ellas o bien con el rostro de alguien que las hechizó y condenó a cantar para la eternidad: Carlos Gardel. Sonriente, exhibiendo su sombrero como los gángsteres sin revólveres, nobles de épocas doradas, mudo y colorado en estampas o muros. Las casas se enamoraron de él y ahí llevan en sus fachadas las canciones tatuadas, las notas de canciones que se convirtieron en nostalgias como es un Volver; o aquellas que sobre una rosada tez anunciaban a seres únicos como la golondrina; o las que simplemente enaltecen un barrio como es el Abasto, embellecido por árboles, aislados puestos de ventas y casas vivientes. Me cantan. Les canto como los pájaros, silbando, tarareando una canción que creo todavía escuchar en alguna esquina de este barrio. Si, es un viejo barrio que tal y como profetizaba Gardel se convirtió en nostalgia.

Carlos Gardel en el recuerdo.

En una esquina se avista una silla huérfana. Calle Zelaya silente y ciega. Una gélida brisa barre el empedrado. Un farol se enciende. Gardel petrificado, sonriendo ante el centro comercial Abastos. Y pese a todo, las casas sonríen y cantan. Sobreviven a la muerte así, cantando como quien habitó estas calles y se llamaba Gardel. Lindo sobrevivir así; es decir, cantando...

2 comentarios:

Yaiza dijo...

Buenos Aires... Me gusta cómo lo ves y cómo nos lo cuentas. Muchas gracias por traernos hasta casa parte de tu viaje.

Ya sabes: "Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar".

Diebelz dijo...

Nada...seguiré contando a goteo los andares...

Salu2 !

 
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