El Perdedor

viernes, 11 de septiembre de 2009



De bruces me dejo caer en una cafetería de encerrona madera. Mansamente se me levantan los ojos como garajes y me fijo en él. Me mira. Eres un gaita, un suato, che. Ahora ronroneo sus erres y emerge un cuaderno rojo que se expande sobre la mesa. Una chispa cruje en el aire.

¿Cómo fue, perdedor? Dale. Contame cómo la brisa humedecía tus contornos en Puerto Madero. Los pulmones se inflaban de nostalgia y los antebrazos se blandecían sobre una barra metálica. Verdaderamente, te fajaste de esta nostalgia que se filtraba en los diques, en las dársenas; los barcos eran sinónimos de tus puertos: Hamburg, Bremen. Che, hay que ver qué pavada lo de pensar en la esperanza. Sabés que los poetas ahogados hablan de puertos de esperanza; y te lo comiste con los brazos cruzados. Un perro te husmeaba las pantorrillas fraternalmente.

Después te borrastes en San Telmo, achumado de los rincones que exhalaban aromas de centurias polvorientas y mercados infantiles. Los adoquines brillaban por la lluvia, Plaza Dorrego también. Buen Aire.


Las casas del Caminito.


Y ahí el instante que espera el lector de tu cuento de lerdo, de gaita con guita y sin ella, de linyera chivudo y eterno, de pantalones rotos. Atento aquí porque creo haberte clavado el bisturí. Muy gil avistó un horinzonte que prevee un nudo colorido en el drama: chapas amarillentas, azules ventanales, rojizas portezuelas, blanquecinas bolas que cuelgan de las farolas de galán. Una risueña cara conformada por casitas lindas, un juego como el de Maradona. El color fue el cebo perfecto. Ve la ciudad, una ciudad. Ciudad que ya no se sostiene entre sus manos y estirada, lisa, sino allá en las alturas, sobre su cabeza. Camina. Cruza. Lo descubre y pasea pero algo lo asecha desde un espacio inocuo, adimensional. Llega al punto donde lo quieren tener al gaita; sí, a tí. ¿No te acordás? Estabas al final del Caminito y debias decidir qué track pulsar. Qué gil. Erraste. Hay pares de canicas que te observaron desde un lugar inexistente, desde otras dimensiones o un Aleph que ni Borges sabría cartografiar (habrá que enfriar a Borges). Las sombras de los tangos cobran vida y secuestran la que arrastras. No corriste. El momento que te tatuará. Un empuje, un tirón en el hombro, tensión, giro y despido. El salto sobre la valla. Las grietas que permiten ver a la sombra correr. La Boca traga a sus hijos y tú, gil, ahi plantado. Emites un Hijodeputa, Me cago en Dios y tus puños de fierro quisieran insertar un golpe que promete no ofrecerse en los destinos soñados. Lentamente te calmaste. Comprendiste ahora, ¿eh, gaita? Las alertas pasadas sobre el futuro de ciencia ficción te agarraron pese a que se negaran a presentarse. Fue cuestión de abrirse La Boca. Ja ja ja. Dale, es gracioso, che. Adelante, tocate el pecho. ¿Ves? ¿Qué notás?

Si, se ve que está intacta mi identidad. Vuelvo a elevar como las grúas silentes de Puerto Madero mi taza hasta los labios. Un sorbo de café. Sigo con los ojos anclados sobre su retrato. Y él hace lo mismo; mirando al perdedor.

3 comentarios:

Bubucanena dijo...

No me creo lo del tirón... entonces, ¿perdió usted su carnet de identidad, cartera, su cuaderno rojo? ¿el de las lentejas de Horstmarer? Oh, Gott, como dirían en argentina " La puta que lo cagó" (Ups, entschuldigung für meine schlechte Manieren...)
No me contaste nada...

Aclárame esta duda, por favor.
Tu Nachbarin de la B-107 ( y no se trata de una cárcel).

Diebelz dijo...

¡Precisamente eso no! Solamente un móvil agrietado y vetusto y una cámara de fotos...pero si, en ese momento hubiera esa expresión a la que aludes (keine Sorge wegen die Manieren!)

Besos vecina !

P.D.:¡Sí te lo conté! Lo que a veces los emails superan la realidad! ;)

Corso dijo...

Escucha "Capital Federal", de La Fuga... creo que te gustará mucho.

Un saludo.

 
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