Feliz Navidad

jueves, 17 de diciembre de 2009



La casi olvidada capilla de Sankt Judas Thaddäus, cerca de Monschau. 2008.



Un gracejo atoró hoy el auricular de mi teléfono.

-¿Sabes que está nevando?
-¿Si o que?
-Si..y estoy malhumorado, tío. Esto supone limpieza matutina y resbalones.

Solté una carcajada para dar paso a menudencias de gran interés. Horarios, regalos de última hora, cruces de diálogos y un "hasta pronto" que no sonaba tan acertado y literal desde hacía un año.

Nada más terminar mis lecturas y esquemas, pensé en esas palabras de Juan José Millás: la navidad nos alcanza a todos como la muerte. Y pienso en los espectros de Dickens, en películas como las de Frank Capra, en encandilados cuentos de Heinrich Böll y Wolfgang Borchert, en poemas de Josef von Eichendorff y en villancicos de la infancia que exhalan aromas de canela y almendras. Y al final no tengo otra alernativa que redimir las navidades que, ya caducadas en los calendarios, siguen exhibiendo un aura místico, insoslayable. Creo que la nostalgia forma parte de estas festividades. Nostalgia por risueños souvenires del pasado. Nostalgia por los alborotos que mareaban la mesa. Nostalgia por seres queridos que dejan una silla arrinconada, vacía. Nostalgia por el sosiego y la paz que reina con seguridad tras nuestras espaldas. Y la nostalgia que infla las conversaciones en la mesa y se cruzan con el alegre porvenir.

Vuelvo a surcar los mares inversos para alcanzar un lugar que forma, por la fuerza, parte de mis viajes. En tales latitudes haré crujir el azúcar bajo mis pies y sonrojar mis manos al moldear una bola perfecta. Me calentaré las cuerdas vocales con Glühwein (vino caliente...ya, sé que a muchos les da asco pero...¡está bueno!) mientras contemple con envidia a los niños patinar sobre el hielo. Disputaré los duelos nunca vistos con mi hermano y juntos, conspirando, picaremos a nuestro padre. Volveré al templo del santo olvidado y me sentaré ante ese riachuelo que me vio crecer y que, abriéndose paso entre el hielo, seguirá gorgoteando. Pensaré en ellos. Y compartiré besos, abrazos, sonrisas y carcajadas con los seres más queridos. Con los únicos santos que como ateo puedo bendecir.


Y con un poema de Josef von Eichendorff, les deseo a todos ustedes unas felices fiestas con sus seres más queridos. ¡Nos vemos para las doce uvas! ¡Feliz navidad!


3 comentarios:

kiram dijo...

Emocionado me has torrija :) Las navidades son nostalgia, sin duda alguna. Disfruta del viaje, y de los paseos por la memoria y los lugares que te la despierten :)

Besos!

Yaiza dijo...

Un texto precioso, lleno de nieve blanca y de sonrisas cálidas.

En un lugar donde hace tanto frío, el vino caliente debe sentar de maravilla.

Buen viaje y ¡felices fiestas!

Diebelz dijo...

Pues como previsto y habeis leído, ha sido un breve viaje bastante bueno (hips!).

Salu2 ! ;)

 
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