Hoy empieza todo

lunes, 13 de septiembre de 2010



Recomenzando...pero ahora como profesor.



I.

«Tu bisabuelo tenía una igual», recordó mi madre al imaginarse el obsequio traído de miles de kilómetros. Tuve que invocarme a la memoria aquel autorretrato del director de escuela, asentir la heroicidad de defender una cruz frente a una esvástica y morder, negar el dolor que supuso abandonar su escuela, su hogar bajo llamaradas de odio y ácidos gorgojos de tristeza.

Al abrir la maleta olvidé aquel posible sendero familiar que acaso esté labrando y mi sonrisa no se pudo contener. En el legado histórico de aquella compañera de mi hermano se hallaba una "Schultüte", es decir, un cucurucho de sorpresas. Según cierta tradición, ya sufrida hace muchos lustros, este cono suele regalarse a los niños en su primer día escolar para ahuyentar los temores y los abandonos antes nunca conocidos. Padres, abuelos, familiares rellenan estos conos con suerte, esperanza y alegría. «Para valerosos caballeros», colgaba del cono una etiqueta. 

II.

Una leve brisa solventa el silencio que padecen estas paredes. Las hojas riman y desprenden las gotas que, tímidamente, asfaltan el suelo con silentes chasquidos. He dejado a mis espaldas la sala de profesores del cual emana un murmullo inquieto por los colgados horarios. He dejado las aventuras de Pepe Carvalho sobre aquella inmensa y oscura madera, junto con los libros didácticos y mis apuntes. Mucho ruido. Paseo por el inmenso cuadrilátero. A veces, cuando creo que alguien abandona su departamento, simulo marcar un número en el móvil. Pero lo cierto es que me acodo aquí para contemplar desde un segundo piso el patio interior de mi instituto, los años de los árboles. Percibir el silencio. Ya en casa me envolveré con horarios, programaciones, libros y rastrojos legislativos. Aquí toca vivir.

III.

Como aquella película de Tavernier, hoy empieza todo. Mientras alguien surca el mar y se adentra al occidente de mi mapamundi y otros redactan informes o planchan tareas, yo y mis compañeros preparamos los últimos retoques. Me adelanto a desearles suerte, delego mi hombro por si necesitan un apoyo. En esta hora pienso en muchas personas. Pienso en el grupo kamikaze, los amigos con quienes estudié y bebí una meta. Pienso en quien me obsequió un nombre y ahora se muerde una sonrisa de orgullo. Pienso en quienes me han corregido, aconsejado, brindado un hombro sin nada a cambio. Gente noble, amigos, al fin y al cabo. Pienso en quienes me escribían, llamaban y enredaban sus vidas con las mías. Sin todos ustedes yo no estaría aquí, en esta hora de mi vida. Hoy empieza todo. Para mí, para tí y para ellos. 
 

2 comentarios:

Joseph Silverman dijo...

A por ellos que son pocos y cobardes!!!!!

Diebelz dijo...

Gracias Joseph!! Ya te contaré qué tal fue el primer día!

Un abrazo!

 
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