Leyendas desde la isla de Lancelotto

jueves, 2 de septiembre de 2010


I.
«La tierra es un barco demasiado grande, una mujer demasiado hermosa, una música que no sé tocar», le dijo en un oxidado rincón. Cabeceó con la mirada perdida, mordiendo una duda y le miró otra vez. Rebobiné. Repetí bisbiseando esa frase con un rostro volcado e iluminado por la luz que derraman esas películas a ciertas horas de la noche. «Una música que no sé tocar». Arrugo una duda, inclino la mirada como el protagonista. 
Muchos contornos que persigo y me persiguen dicen que soy capaz de hacer lo que me proponga, como aquella chica de bata blanca de la cual me despedí y me deseaba que consiguiera lo que me propusiera. Sé que sonreí ocultando la hermana duda que se halla en nuestras sombras porque, sinceramente, soy un ser humano y un ser humano no se puede suicidar con el ego. Sí, mi cosmos no es ilimitado. Y del límite y aquello que soy incapaz de controlar, como los domadores de este circo de espejos, tengo un temor clavado en mis entrañas.

II.
Estoy a esto de la felicidad plena (indico con el dedo índice y el pulgar un margen de milímetros). Asiento y miro al horizonte. Cabeceo y anclo mis faros en el horizonte.Estoy a esto de la felicidad plena (y mis conductos lacrimales se rebelan contra la gravedad). Quién sabe si alguna vez lo alcanzaré con lo escaso que son mis criterios enumerados. Los individuos rezuman quejas diversas cuando paseo por este pálpito único que es mi vida y no puedo ocultar una sonrisa irónica con el adecuado silencio. Sí, sé que yo también comencé a ver hace poco. Yo era un ciego. 

III.
Hay muchos adioses tras nuestras huellas que se borran con la gula del tiempo. Pero, siendo todos únicos, intento no olvidar ninguno. Recuerdo algunos que hice ceremoniosamente, extasiado, inflado de alegría, avispando las esperanzas con los brazos. Y sí, hubo otros más melancólicos, trizados por la tristeza. Esta vez me llevé la despedida a este lugar del cual escribo y lanzo estos rastrojos al mar. Desde aquí añoro mis lugares, mis rostros, mis pasos. Añoro los buenos días que le lanzo a la señora del Ritana; la luz que quema la arena, la luna del mediodía que asombra al despistado; el Bote en el cual surcamos noches entre gracejos y sabias tonterías que arreglan el mundo en nuestros sueños. El incordiar a las inquilinas con Baudelaire y su guitarra, el incordiar al rey de bastos, la búsqueda de una escalera de colores, la carrera pulsada en pausa. 

Caminando y buscando nuevas historias que contar...



IV.
Un rumor se balancea bajo mis pies y se distancia, arrastra los pasos hacia el olvido. El sol quema las blancas azoteas de este perenne nido de escasas radiografías vivas. Es posible que extrañe el rugir de mi enjambre, las horas puntas, los semáforos exhibiendo los caminos a los errantes más delirantes. Habrá un griterío que intente imitar la atmósfera familiar en mi nuevo lugar de trabajo, pero sé que quemarán sus cuerdas vocales sin éxito. Habrá incertidumbre, momentos tomados por instantáneas, retos y más retos, idas y venidas, ovillos, rostros, ceños frauduletos y yo y mi trono a cuestas buscando un rincón, un permiso para la ilusión. Seré capaz e incapaz de lograr algunas metas apuntadas sobre la carrera de las agujas. Es justo que sepa tocar algunas canciones y otras no. Es justo que la vida sea injusta para que sea justa. Es justo admitir que «nunca se está del todo acabado cuando hay una buena historia que contar; y alguien a quien contársela».

6 comentarios:

kiram dijo...

Dejar un camino y empezar otro es doloroso y, a la vez, placentero por imaginar las infinitas posibilidades que nos aguardan en recodos aún por descubrir. :)
En Lanzarote no habrá bullicio de tráfico (si lo echas de menos te puedo indicar un par de calles, eh?), pero si te fijas, su capital es siempre un intento de crecer y mejorar. Y sí, por desgracia se queda en intento la mayoría de las ocasiones.
A mí me pasó al revés cuando llegué aquí, las calles me parecían enormes, y no aguantaba el rumor constante del tráfico. Ahora, cuando voy a Lanzarote, incluso se echa de menos la vida que corre por las calles de Las Palmas.
Pero veo que ya has encontrado parte de la belleza de mi tierra ^^, y verás aún más.

Saludines

Yaiza dijo...

Estoy con Kiram, dejar huellas en otros caminos es doloroso y placentero a la vez. El otro día me acordé de ti. Pusieron Cinema Paradiso en el cine de verano en Santa Catalina, aunque no pude ir :(

Bueno, un beso y ¡suerte con tu ida hacia Ítaca!

Pd. Por cierto, no sé si te lo había dejado alguna vez pero por si no lo he hecho... http://www.youtube.com/watch?v=usgxvomvLQo

quemandoescenariosdepapel dijo...

Es doloroso, crecer siempre lo es, transformar esto en aquello y aquello en esto, variar de forma, de espacio, protagonizar una historia paralela alrededor de otros brazos, saberse entero y eterno hasta la victoria de la pérfida, de la muerte en directo, de la amargura del paso del tiempo incontrolado. Claro que duele saberse en presente entre tanto cambio, claro que asusta creerse capaz e incapaz de realizarse a la medida de cada paso. Pero la vida está de tu lado, la ventaja de abrir los ojos, la ventaja de no ser un ciego es querer anticiparse a la tumba y a los huesos, querer vivirse, sentirse y quedarse hasta el final del cuento.
Mucha suerte, caballero, en el viaje, que es tu vida, que es tu doctrina y tu credo. Seguiremos a la espera de las palabras que traduzcan tus estados en inventos, conocimientos añadidos para estos ojos que te leen, sentimientos en estéreo.

Joseph Silverman dijo...

Poco a poco, y aunque sea algo doloroso al principio por aquello de cambiar de aires, te vas dar a cuenta lo bonito que es "volver a empezar" en la vida. Lejos de ser un defecto, es una virtud tremenda.
Un abrazo fuerte

Yaiza dijo...

Por cierto, acabo de ver a 1900 frente a su piano, en su pequeño gran barco, y acabo de pensar que siempre nos dejas señales a otros destinos en tus párrafos. Este me ha gustado tanto que se merece un doble comentario.

Deseando seguir leyendo historias.

Un abrazo!!

Diebelz dijo...

Gracias a todos por tantas sinceras palabras, consejos y abrazos...

Kiram, tu ciudad la verdad que ruidosa, ruidosa...no lo es, jeje. En fin, seguiré tus consejos y sí, creo que en tu isla hay tesoros todavía por descubrir.

Yaiza, ¡gracias por el enlace y ese sonido sonriente, jeje. Es curioso, también pensé ir a ver "Cinema Paradiso" pero estaba algo cansado...y bueno, lo de Novecento y mis señales es algo normal, jaja. :P

L., gracias por tus palabras...la verdad que me dejaron anonadado porque fue como contestar mis ajadas dudas sin pestañear. ;)

Joseph, muchas gracias también. Te debo además un mail por el tema de discos externos y cía. Otro abrazo y gracias por esos ánimos...

Y bueno, como dice Cifu (de Radio3): besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples para todos y todas!

 
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