Noche mágica

viernes, 7 de enero de 2011


Con una sudadera bajo mi sobaco y la cabeza apoyada sobre el vidrio de la guagua, la ví. Respondí también con una sonrisa nuestras mutuas felicitaciones. Veía en su rostro de ocho años la felicidad por ver, en su pantufla albergada en hogares ajenos, alguna ilusión. Y ella habrá observado en mí un encuentro ya soñado, recogido en mi ovillo de sentidos. Veía cómo aquel sol que vimos nacer desde la orilla de una noche irradiaba mi regreso: palomas en las aceras, abrazos en los parques, familias en las avenidas, semáforos que paraban el aire.

Me bajo en mi habitación con una resaca de recuerdos. Soy un desastre, un auténtico idiota. Soñé que al final coincidimos. Presentamos a nuestra realidad. Nos llamábamos borrachos. Fumabas cuando yo lo dejé. Te encontré una rosa abandonada. Me llamastes "idiota", cómo no. Caminar bajo naranjas en una madrugada. Destripabas bocadillos. Hablar, hablar, hablar. Vidas. Recuerdos. Nos complicábamos palabras. Risas. Desnudez frente al mar. Estrellas, amanecer, abrazos, estudios anatómicos.  ¡Mírame! Yo haciendo el idiota, esa llamada oportuna. Más risas. Decirnos todo sin decir nada. Fotos. Seamos realistas, pidamos lo imposible. Tu sonrisa. Tu mano (en mi cara). Tu mano (que se desprende de la mía).

Creí que lo soñé hasta que vi mi quemadura en la cara. Sonrío. ¿Sonríes?







P.D.: Gracias, Rey Baltazar ;)

 
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