Sin exilio ni visado

miércoles, 30 de marzo de 2011



Arrastro las rebajas de la soledad por el supermercado. Recuerdo, como bulto asomado al balcón de la noche, los muertos de mi felicidad. Resucita la grieta entre mis dos ramas y contemplo, bajo las estrellas que tiritan el gélido silencio, el fruto de mis hundidos barcos. Se ha borrado el puño de sonrisas,  los sorpresivos aguaceros en mis costados, el rifeo del colibrí que abatía la opresión del obús. Desarmado y abatido, no contemplo una inesperada revolución y presento mi dimisión, regreso a mi estado de sombra en penumbra sin verso soñado. Mañana, quizás, las quedas voces me juzgarán e impondrán leyes marciales, acaso me cuelguen señales a las suelas de mis zapatos; y es posible que asiente mientras niegue. Porque no sabrán, juro que no sabrán, que mis párpados desean morir, borrarse de la mirada clara, ahora acorralada por el oscuro frío. No hay exilio ni visado.

3 comentarios:

Joseph Silverman dijo...

Sin palabras...

Anónimo dijo...

Woas ist denn hier los?? Uy, el blog de Diebelz que siempre es un rayito de sol... hoy presenta nubosidad cerrada...

Hmm, ois guad?

María

Diebelz dijo...

Bueno, ¿mi blog un rayito de sol? Pues...no lo había contemplado así, jaja. Pero bueno, todo pálpito tiene también su arritmia, sus estados sinceros que son un elemento más imposibles de suprimir, sino que hay que tener presentes si uno quiere que la vida se contemple en toda su plenitud. Pero ni caso,¿ vale, María? Por cierto, ¿y ese acento bávaro? ;)

Y un abrazo para usted también, Mr. Silvermann!

 
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