Escuchando al juez Garzón

sábado, 25 de febrero de 2012


"Obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como medio". 

Immanuel Kant, en Fundamentación de la metafísica de las costumbres.


Rumian mezcolanzas con voces metálicas, se enredan imágenes de hombres trajeados, de crímenes, de acusaciones sin querellas. Braman en la radio ecos del pasado; pían feroces los muros y contramuros en torno a un juez mudo, lastimado por la estocada de sus propios pasos. Polémico es este personaje llamado Baltasar Garzón, magistrado de la Audiencia Nacional hasta su reciente inhabilitación y ex-militante y diputado del PSOE. Un Rubrik latente, vivo, voraz, inmune ante los favoritismos de los istmos cuando luchó no solamente contra el narcotráfico de anchas mangas y hombreras surgido principios de los noventa, sino también contra el GAL, denunciando a miembros de su propio partido, partido que se hundió en la corrupción, los litigios dialécticos y la ceguera moral. Luchó contra ETA y su entorno, bofeteó al mismísimo Augusto Pinochet por sus crímenes abriendo un nuevo sendero en la Historia de la justicia internacional. Y cuando Aznar y Fraga le congratulaban por sus investigaciones sobre el caso GAL, contemplaron cómo aquel juez les husmeaba las pantorrillas por la corrupción festejada en la costa levantina (el caso Gürtel) y hasta se adentraba en el umbrío de los crímenes franquistas que rociaban los contornos de Fraga y sus verdugos. Aquello desfiguró los rostros de los sempiternos regresistas de la derecha española, banderillearon al juez durante años hasta que un zafio Luciano Varela le embistió al macilento y marchito juez Garzón un dolor que le hizo exprimir lágrimas por la impotencia, por la derrota aguantada, sostenida, abrigada en trincheras, de la verdad verdadera. 

Manuel Rivas y Baltasar Garzón, en un vis-à-vis.
Isabel Coixet desenrosca la tapa de su cámara y reencarna las luces y sombras de este polémico juez. Entre grises tonalidades y el blanco penetrante que se desparrama por un enorme ventanal, ubica sobre una mesa a un oyente que siempre contaba cuentos e historias -como es el célebre Manuel Rivas- y a un monologuista que siempre fue oyente desde su tribuna justiciera -como es el juez Garzón-. Se tornan los roles, se apagan las interrogaciones. Coixet mueve con trémulo pulso su visión, corta planos, alterna distancia y cercamiento, busca la naturalidad del impacto que causa el lenguaje del cuerpo antes que el que florece de los labios de un hombre absuelto ante la mirada ajena. Garzón, por fin, no es entrevistado ni acusado. Tras la paciencia de un santo Job, al fin se sienta a suspirar. Habla con gran detalle de sus obras, de los pecados capitales que padece nuestra sociedad, el mundo; de su catalejo y el latido de la justicia universal, de los miedos que fruncen sus labios, de su indignación alzada al vuelo con una mirada fulminante, con manos retorcidas, con cejas alarmadas; de sus logros, de sus derrotas, de esos tres procesos que acabaron con él. 

El documental "Escuchando al juez Garzón", dirigida por Isabel Coixet con ayuda del escritor, poeta y periodista Manuel Rivas y recientemente galardonada con un Goya -aunque entre sus competidores había otros documentales que destacan aún más-, es una pausada fuga de escape hacia la reflexión. Erran los supuestos críticos de cine y columnistas de la -supuestamente- prensa seria en que Manuel Rivas debería bombardear, inquietar, avivar un sudor incomprensible sobre el rostro de Garzón con preguntas incómodas o torpedeando su discurso. No hay nada novedoso, exultante o atrevido en este documental más allá de un único punto y es dejar hablar a un juez al quien le han robado la palabra los tiburones de los mass media y los sátrapas de este incomprendido mundo tan inmundo. Aquí volvemos a aprender lo que la mayoría ha desaprendido: saber escuchar. Y si escuchamos atentamente, veremos que este juez nos tiene algo que decir. 






Título: Escuchando al juez Garzón
Año: 2011
País: España
Dirección: Isabel Coixet
Guión: Isabel Coixet
Reparto: Manuel Rivas, Baltasar Garzón
Fotografía: Jordi Azategui
Productora: Miss Wasabi

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