Dejad de quererme

lunes, 9 de septiembre de 2013


Combien de temps...
Combien de temps encore?
Des années, des jours, des heures, combien?
Je m'en fous mon amour...
Quand l'orchestre s'arrêtera, je danserai encore...
Quand les avions ne voleront plus, je volerai tout seul...
Quand le temps s'arrêtera..
Je t'aimerai encore
Je ne sais pas où, je ne sais pas comment...
Mais je t'aimerai encore...
D'accord?
Extracto del poema Le temps qui reste, de Serge Reggiani.


"A los niños hay que enseñarles en qué consiste la muerte", recordaba antaño el poeta italiano Edoardo Sanguineti, consciente de poseer la sapiencia  de esa gran aventura de morir nos difiere de los animales y ofrece -con antítesis feuerbachiana- las puertas al entendimiento de la vida. No dista en toda su filmografía la intención de Jean Becker por hallar -con espíritu socrático y existencialista a la par- hallar el sentido del sinsentido en esta enorme Megalópolis de espejismos y escaleras escherianas

Arroja frente a su cámara a un Antoine (genial Alain Dupontel) desteñido, inquieto que destruye todo aquello que se ha labrado durante décadas. Exime toda conducta y obligación, desatiende a los posibles daños colaterales y desenmascara la santiguada hipocresía como ritos y cantos de la mediocridad más mezquina que se asienta como comensales en la última cena de la sociedad postmoderna de nuestros tiempos. "¿Por qué cuando uno habla con un mínimo de sinceridad lo toman por loco?" Se pregunta Antoine, viendo cómo al derredor lo inculpan y artimañan un aquelarre panóptico, dejando todo atrás, deseando que lo dejen de amar y huyendo por la carretera cantando con un parado a su costado aquella canción de Johnny Hallyday: J'ai oublié de vivre, j'ai oublié de vivre... Hasta naufragar incomprendido más allá de los horizontes. 

Antoine preside la última cena con la sociedad postmoderna antes de su huída.
Dejad de quererme (Deux jours à tuer) es el drama más crudo dentro de la extensa filmografía de Jean Becker y que ponía fin a su trilogía sobre la vida (tras La Fortuna de vivir y Conversaciones con mi jardinero). Aunque en ella aparecen elementos sui generis (la naturaleza como fuga de escape de la sociedad y metáfora de la vida, el diálogo como basamento del filme, la fotografía edulcorada) sí que es cierto que desaparece en este filme de una sola lectura el risueño guiño que siempre ha caracterizado a las obras de este cineasta francés. Se revela la búsqueda de la verdad como es: una cruz sobre el pecho, áspero, derramamiento interior. Se desnuda su personaje de secuencia en secuencia dejando entrever la claustrofobia que produce nuestra actual sociedad y cómo el amor justo, desapegado de cualquier ego, muere puro y sin salvamento alguno. "Es de locos", le susurra el padre de Antoine. Pero también es cierto que la película evidencia una valentía que pocos albergamos en nuestros regazos, más cuando la patria que es la vida se consume en los relojes y no queda otro lema bajo nuestros conductos lacrimales, derrotados, hundidos bajo la lluvia de septiembre: dejad de quererme


Título: Deux jours á tuer (Dejad de quererme)
Año: 2008
País: Francia
Director: Jean Becker
Guión: Jean Becker, Eric Assous y François D'Épenoux (novela homónima)
Fotografía: Arthur Cloquet
Producción: ICE3, Studio Canal y France 2 Cinéma
Reparto: Alain Duponel (Antoine), Marie-Joseé Croze (Cécile), Pierre Vaneck (padre de Antoine)

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