Crucigramas sobre charcos

sábado, 23 de noviembre de 2013


En la antigua Grecia,destierro político al que se condenaba a algunos ciudadanos...


...y que se ausentaba de la vergüenza pero sin embargar los faros sucumbidos en olvidos de luz. Ahora, es ahora cuando percibo mi tez hidratada, ajena a los uadi y las dunas que dejé en aquella isla. Aquí, en mi ciudad de lluvia bailo mis suelas entre charcos de noviembre, dejo en tregua los paraguas, glaseo mi rostro que se encuentra en sus escritos, en la lectura de las olas, en los silencios truncados por las gaviotas del puerto, los suaves ronquidos de los tibios barcos zarpados. Aquí vuelvo a estar entre mis hebillas lectoras y abecedarios apilados, entre manifiestos y clásicos, entre cánones que cincelan mis pupilas de vigilia. Aquí vuelvo a fumar el arte en las exposiciones, salto como funambulista de concierto en concierto sin darle tregua a los calendarios, a la derrota del sofá, a las nimiedades y monotonías de los monoteístas; me mareo en las noches de teatro y sus atrezzos cósmicos, las rancheras de doradas chelas. Atrás dejé aquellos días de desguace, empalidecidos; aquél ostracismo.

Falta de amor o afecto a una persona o cosa...


...y quedó sellado en una cicatriz, único tatuaje grabado en directo, en mi vera. Deshojé los interrogantes y las acentuaciones, abandoné y dejé huérfanos a los sintagmas que se sedan sobre los rompeolas. Nunca suplanté un clavo por otro, abdiqué los titulares venideros, los pasados custodiados. Se tuvo que desteñir el mantel de la espera y ya no te recuerdo ni creo en tí. Ya no soy una raída mirada ante la llamada de espera, ante la sorpresa que nunca chisporrotea cuando menos lo esperas. Ni espero en cafeterías ni terminales, tus verdades en resorte. Y pese a que se presenten destinos en ofertas y sonrisas cuyos labios esconden filosofías de fast-food, yo me quedo conmigo, fumándome la vida, distanciándome, huyéndome. Y aunque no lo entiendas, así se puede latir, cuidando el salitre de las noches bebidas. Ya exilié al término (des)amor

Que muestra risa en el semblante o ríe con facilidad...

....pero que quedan tibias tras las sombras, entre humaredas, sonrojadas y explosivas si se enredan con los discursos de mis tertulianos de cantina, entre los comensales de toda la vida en vida. Sin embargo no embargado, se producen cuando un gato me abre las gabetas y extrae con dulzura las bufandas del invierno, cuando los niños, inflados en dudas y temores, buscan el asombro y las respuestas en mis palabras. Cuando comparto el bono de la guagua con el mismo vagabundo que cojea su pasado y busca alimentarse con migajas de futuro. Cuando, sin previo aviso, abro la puerta y aparece mi hermano que andaba a miles de kilómetros de su hogar. Cuando dos marcapáginas se vuelven a ver con los calendarios vencidos. Es el cielo tras el infierno de Dante. Es risueño.


 Entretenimiento que consiste en rellenar un casillero con palabras que se entrecruzan...

...y acaso sea esto el suspiro constante, la circulación arterial, los miligramos en las miradas, las pulsaciones inadvertidas, aquello que todos llaman vida. Dejo tras el biombo a las aseguradoras que prometen seguros de vida, los manuales de instrucciones para que no se enreden mis pasos, las gafas de sol que ocultan los conjuros del alma, los eslóganes en boca de la multitud, los destinos que todos agencian en tu viaje. Yo prefiero quedarme a este lado de mi rompeolas, en ausencia, en mi huída, en mi búsqueda, en la poesía y el arte. Rellenando, en soliloquio, bajo mi lluvia, mi crucigrama. Y punto y aparte. 


Y aquí les dejo un instante del concierto de ayer donde se me crepitaron los faros y quedé desmadejado ante el escenario... 




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