Bienvenido a Sarajevo, hermano

sábado, 4 de enero de 2014


"En el Universo
-su nombre es Bosnia-
una niña,
con la mano que no tiene,
recoge flores que no existen"

Extracto del poema Planeta Sarajevo, de Abdullah Sidran. Recogido en Bienvenido a Sarajevo, hermano, de Slobodan Minic (2012).




Avisan los crujidos de las pisadas sobre el parquet un rincón insólito en tu librería. Te distancias de la letanía de los best-sellers, de los etiquetados y hallas en tus manos un libro enigmático, insólito que en su portada incrusta una casa cicatrizada por las balas, enmohecida por el tiempo pero que en su interior te susurra una cálida acogida, un refugio para la lectura foránea y te sitúa en un lugar donde ya no nieva la belleza de antaño: Bienvenido a Sarajevo, hermano.


La voz de quien escribe esta obra es la de Slobodan (Boban) Minic, periodista y ex-director de los programas de cultura y ocio de Radio Sarajevo. Oriundo de aquella ciudad que antaño fue conflagrada con sangre y miel,  se ha dejado caer en otra orilla del mar Mediterráneo, en las playas de L'Escala donde, tanteando el recuerdo minado por temores, comenzó a cincelar sus recuerdos que eran de todos los seres queridos que sobrevivieron o fallecieron durante los primeros conflictos de las Guerras Yugoslavas (1991-1995). Resalta advertir -como hace el propio autor- que su obra no se puede etiquetar con rotundidad. No es una biografía ni un ensayo tal como confiere el génesis de la catalogación literaria y es digno de matizar que por ese mismo estilo de narración -configurado a partir de la viva memoria que no entiende de lineas temporales ni epígrafes- el libro destila frescura, humildad y capta la atención del lector que persigue la narración a flor de piel, adherido a la vida voz de Boban Minic. Su voz, ronca, agasajada por las interminables horas en las cuales la emitía bajo los bombardeos y en unas condiciones insoportables, nos traslada a su ciudad, a Sarajevo. Pervive en ella la ironía, el humor pero también la desesperación, la esperanza destrizada, el duelo silenciado, el dolor como la ira a ras de suelo. Como si siguiera ahí, como locutor en plena ciudad desnutrida y agobiada, Minic nos relata y rescata a sus seres queridos delegando el uso de su propia voz para hacerla más coral, de todos quienes la han perdido. Queda en evidencia que la realidad -una vez más- supera la ficción y aquella amalgama de anécdotas, relatos y dicciones que rescata y salvaguarda, forjadas por sus propias vivencias, nos trasladan a un mundo surrealista pero real a la par. Condena sin declarar abiertamente, la locura de la guerra y señala en ese delirio colectivo, las posibles razones por las cuales se hundió aquella ciudad apacible y hermosa que era Sarajevo. 

La advertencia de estos Ulises y los pequeños príncipes es una lectura obligada para las generaciones latentes como venideras, custodiar las llamas, las vidas perdidas y mantenerse atento ante el fragor de la guerra, el lúgubre delirio que puede emerger en cualquier lugar. La obra de Minic es viva voz, es dar voz a los sin voz y que debe -no puede, debe- transferirse, mediante las frecuencias moduladas de la literatura. 

Ahora, movidos también por la lectura de este encomiable libro, los cineastas Olivier Algora, David Giorni y el periodista freelance Edu Marín van a llevar a la gran pantalla el documental "Good night, Sarajevo" (2013). Aquí les dejo un extracto de dicho documental pero, eso sí, no dejen de leer la voz de Slobodan Minic. 




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