Bote de Nocilla

sábado, 18 de enero de 2014



Tras la noche hendida, caímos en el colchón. Dejamos dos botellas de cerveza como testigos al borde de una mesa, un cenicero con dos inhalaciones apagadas. Nuestros cuerpos fueron ovillos bajo una tenue luz dorada, mientras sonaba aquella canción capaz de urdir una lluvia en tu ombligo. Y las sonrisas descubiertas en los costados por los exploradores de nuestro manoseo, también nos persiguieron más allá del sueño embebido por la almohada.

Recobré el latido por el hueco de tu ausencia. Me abrí paso por las sábanas hasta el borde del barco varado de sueños ya despiertos, inquietos por el arrimar de un encrespado riego blanco que atravesaba las persianas de manera subversiva. Tampoco estabas en el baño con su sempiterno goteo en el lavabo. Ni en el salón, ni en la cocina donde tan solo hallé más que una estela leve de tu perfume y el eco del lastre de mis chanclas. Sabes que soy incapaz de imprecar. Tan solo sonrío en un cabeceo nostálgico, sí, cuando ya eres recuerdo. Pero esta vez estaba aturdido, sentado en esta recóndita mesa donde compartíamos bocados risueños. ¿Te acuerdas cuando arqueabas las cejas bajo ese puente inverso que era tu sonrisa, cuando te abría aquel bote y te pedía en la batalla del gracejo, tan solo un beso como moneda de cambio? Y retornando al sosiego, suspirando, decías que seríamos el eterno incordio para los vecinos que madrugaban los domingos. Me gustaba verte desayunar con las piernas encogidas sobre tu pecho y los mofletes albriciando la dulzura que mordías. Ahora contemplo un punto en el vacío, no me atrevo ni a mirar de soslayo tu rincón, mi incertidumbre grabada en ese bote.

Y no lo entiendo. Por primera vez, no lo entiendo. Escribo por agobiar mis ansias de entenderte, entender que ahora soy incapaz de abrir este bote sin tu presencia. Entender que esta vez te fuistes sin abrir el bote de Nocilla.



By W. 

2 comentarios:

Iván dijo...

¿Cómo no hay aquí ningún comentario, después de esta carta desesperada de amor fugado? ¿Cómo te escribo, amigo, que esa ausencia es la pérdida de todos, nuestra común desgracia de ver el paraíso desde la acera de enfrente?

Me encanta, Walter. No dejes que la pluma deambule noctámbula.

Iván.

Diebelz dijo...

En estos tiempos donde la blosgosfera anda en peligro de extinción es frecuente hallar el silencio. Empero, algunos seguimos escribiendo pese a los esdrújulos pretérritos y otros pétreos ovillos. Y claro, más brilla si aluniza un comentario, como el tuyo. Celebro que te gustara este peso de pluma.

Y no te preocupes, que pluriocupado todavía llevo siempre conmigo la libreta, sea en la guagua, en cafeterías contemplando ante las gotas suicidas de la lluvia el transcurrir del tiempo o en noches de borrachera. Y oye, tú tampoco dejes de crearte en la escritura.

¡ Un abrazo, Iván! ;)

 
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