La mirada de Makoto Shinkai

viernes, 3 de enero de 2014



Ajeno a las crédulas y recalcitrantes esferas, existen miradas excepcionales que laten bajo sus retinas, dudosas, infladas de pura poesía. Son lentes sobre sus suelas que captan y tejen los rincones cosmogónicos, indagan tímidos con precisar la pregunta correcta ante la incertidumbre y parecen reecarnar en su lengua un tanka, aquella forma poética que destila ligereza y apunta con desamparo y precisión la tibia del alma. Quizás - y digo solamente quizás- se podría definir así la obra del cineasta de animación Makoto Shinkai

Su inusual mirada, la posesión de un lenguaje propio hacen imposible compararlo o asimilarlo con otros cineastas como Mamuro Hosoda o Hayao Miyazaki, aunque hacia este último existe un cierto vínculo, tal y como demuestra el largometraje Viaje a Agartha (2011), abierto homenaje al fundador de los estudios Ghibli y especialmente a su obra Un castillo en el cielo (1986) por la cual sentía cierta admiración. No en balde, las historias -prácticamente todas dirigidas, escritas y dibujadas por el propio Makoto Shinkai- aparecen ajenas al mundo fantástico, situando sus personajes convalecientes en entornos adosados al asfalto de nuestras ciudades. Su fotografía y pincelada hiperrealista -como si se tratara de un lienzo de Richard Estes- acompaña siempre a temas en apariencia costumbristas pero siempre tan vigentes, a flor de piel. La soledad, el amor, la amistad son tan solo el basamento idóneo para hurgar en las ánimas que pincela. Mediante un lenguaje propio y bien fundido en todas sus partes, con una voz profundamente poética (encuadres, diversos planos, el tren como elemento de barrera entre dos mundos, la lluvia como esperanza, los diálogos y la gesticulación fiel a la realidad), Makoto Shinkai se hunde en la reflexión sobre los cruces vitales en la vida de los seres, en el tránsito temporal, en la soledad como el amor en sus más diversas formas. Evidencia de ello se puede apreciar en mediotrajes como El jardín de las palabras (2013) o en su más reciente cortometraje Una mirada atenta (2013). Aunque su obra corre el riesgo de caer, en apariencia, en el abismo de la banalidad y de ser etiquetado como mera sensiblería, Shinkai consigue liberar un aura de empatía en el espectador y huir, ileso, de esos afiches en tonos mayores. Su poesía visual, al igual que su gran capacidad en concentrar y mantener la soga de la tensión impoluta, son algunos de los méritos por el cual se hace digna la visualización sus filmes. A modo de referencia y en el cual alumbra todo su destello, aparece la obra 5 centímetros por segundo (2007), segmentada en tres partes (Flor de cerezo, el cosmonauta y 5 centímetros por segundo) que a modo de cuentos dispares, completan el puzzle de una relación amorosa diluida en el tiempo y que aparece menos compleja que su homónima versión manga. 

Escena de "El jardín de las palabras"
Es obvio que el cine de Makoto Shinkai no puede seducir a grandes masas, a grandes pupilas y que existen valles de dudas que segregan a unos y a otros. Como en la poesía. Shinkai, sin duda, representa una obra minimalista, con una cándida mirada incluso al exhibir temas crudos. Pero sin duda es lo más parecido a leer un tanka, ajeno a las crédulas esferas, más cerca de la lluvia. 



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