Violeta se fue a los cielos

lunes, 6 de enero de 2014



Maldigo del alto cielo
la estrella con su reflejo,
maldigo los azulejos
destellos del arroyuelo,
maldigo del bajo suelo
la piedra con su contorno,
maldigo el fuego del horno
porque mi alma está de luto,
maldigo los estatutos del tiempo
con sus bochornos,
cuánto será mi dolor. 

Extracto de la canción Maldigo del alto cielo, de Violeta Parra. 



Ávida su voz pese a colgar sobre la penumbra, pervive en la memoria colectiva que transgrede fronteras temporales la persona como el canto de Violeta Parra. Es harto imposible ignorar su obra como su desdicha vivida, borrarla o encasillarla, clasificarla, en un orbe donde habita junto con otros cantos como los de Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Silvio RodríguezMercedes Sosa, Chavela Vargas, Jorge Cafrune, Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti y un seguido infinito de otras voces que no caben en esta frase para enaltecerlos en su justa dignidad. 

Inquieto ante el silencio que se coagula en los presentes transistores, ante el hecho constatado que el tiempo nos devora, el célebre cineasta chileno Andrés Wood -conocido por filmes como Machuca (2004) o La buena vida (2007)- ha querido llevar la figura de Violeta Parra a la gran pantalla. Violeta se fue a los cielos (2011) es un biopic -gestado a partir de la lectura del libro de Ángel Parra- que presenta a una cantautora atormentada, casi convaleciente pero que recorre su vida con valentía y férrea convicción de lucha ante las adversidades ya presentes en su tierna infancia. Andrés Wood hace uso de un estilo narrativo ingenioso y convincente, no denostando al drama que abriga la vida de Violeta Parra y manteniendo ante el espectador una línea cronológica entendible, pese al uso magistral de los flash-backs y otros elementos oníricos que dan al filme un toque buñuelesco. Además, otro aspecto que recalcar y valorar positivamente es el hecho de que la auténtica protagonista de este filme es la música, ese pajarito que se albergaba en la guitarra que le regaló el padre a su hija Violeta que asimismo es reencarnada por una excelente Francisca Gavilán que borda su papel. 

Sin embargo, la película peca en una grave carencia, tal como es la aparición de esta trovadora enrocada en sí misma, como aislada y ausente ante el mundo, consecuencia dada por el hecho de que el cineasta exagera en el metraje sobre sus íntimos fantasmas y desatiende otras cuestiones vitales. Es por ello que se pierde la humildad, el sentido combatido, así como el compromiso político como la gran influencia artística que por aquél antaño tuvo en su país como en el exterior y que solo se puede atisbar durante el visionado de la cinta si se tiene previo conocimiento de la vida de esta cantautora chilena. 

Francisca Gavilán, reencarnando a Violeta Parra
Quizás los posibles recelos políticos en una Chile cuya transición democrática todavía es muy reciente, hayan condicionado al director a tornar una Violeta Parra inocente, carente de ese compromiso que la llevó a cincelar actos y hermosísimas letras, llenas de esperanza que anhelaba un pueblo sumido en la pobreza y la desesperación. Como bien cantó la propia Violeta, hermana del también célebre poeta Nicanor Parra: Paso por un pueblo muerto / se me nubla el corazón / aunque donde habita gente la muerte es mucho peor / enterraron la justicia / enterraron la razón / y arriba quemando el sol. Es por ello que quizás -tan solo quizás- Violeta no se fue a los cielos. Se quedó en nosotros. 




Título: Violeta se fue a los cielos
Año: 2011
País: Chile
Director: Andrés Wood
Guión: Andrés Wood, Eliseo Altunaga, Guillermo Calderón y Rodrígo Bazaes (A partir del homónimo libro de Ángel Parra)
Música: Violeta Parra, Ángel Parra, Chango Spasiuk, José Miguel Miranda y José Miguel Tobar
Producción: Wood Producciones S.A. / Maiz Producciones S.A.
Reparto: Francisca Gavilán (Violeta Parra), Thomas Durand (Gilbert Favre), Christian Quevedo (Nicanor Parra), Gabriela Aguilera (Hilda Parra), Roberto Farías (Luis Arce), 

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