domingo

León Gieco



El tiempo transcurre y sufre una corroída náusea, moretones grises por esa vorágine más abyecta y atroz que golpea sin cesar. Los tanques impiden el paso desnudo, las balas silencian las casas y el miedo, con su cetro, se asienta en su reino. Bob Dylan se preguntaba cuánto tiempo habría que esperar este calvario y creía que la respuesta my friend, is blowin' in the wind.

Pero entonces sube al escenario un hombre embarnecido de negro a lo Johnny Cash, enluciendo un rostro risueño y torcida tímidez. Clava sus enlucidos iris de esperanza, tensos y cargados de rebeldía ante su hinchada que lo encaraman a los cielos de Víctor Jara. Están eufóricos por la inyección que donó Luis Quintana en su presentación como fiel y sempiterno embajador de nuestra isla musical. Argentinos con dieces de Maradona, uruguayos reivindicando su lugar a la otra orilla del Río de la Plata, canarios más bonaerenses que el mate y otros que con avispados gestos celebran el lugar sin patria ni bandera que posa sobre la guitarra pictórica del León. El León, el Bandolero del futuro que aloja sus manos sobre su cinturón de cartuchos de armónicas y desafía a las máquinas y la inmundicia que enferma este mundo.



León Gieco presentó su verdadero rostro, el cercano y humilde -con sus gozosos chistes- que uno es incapaz de tocar en esos inmensos estadios al otro lado del charco (me alienta el surrealismo cuando observo al hombre que es capaz de llenar esos estadios,sin pretextos futbolísticos, sobre un escenario donde bailan los borrachos de la noche, los clientes apuestos de esta Sala Paraninfo). Sólo y acompañado hizo de maestro como se lo vocifera dulcemente la hinchada: ¡Sos un Maestro! Asi que trajo fotos, imágenes rodantes, canciones lejanas e indicó los gestos adecuados. Por ejemplo, cuando se canta La colina de la vida y salen a relucir imágenes de Onganía o Videla, tienes que mostrar el corte de manga. Y si le lanzas a estos militares un honesto insulto, mejor que mejor. León pero también tiene aparte de sus legendarias canciones como Hombres de Hierro, En el país de la Libertad o La Memoria (Sólo le pido a Dios como que ni hace falta mencionar...), también otros temas que acaso poseen mucho valor para él y la lucha del canto. Ahí cantó a Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Mercedes Sosa ( y a Elena Walsh), Sixto Palavecino, Charly García y otros tantos artistas que florecieron en su continente. Pero homenajear no es iluminar grandes nombres, sino ante todo a quienes luchan en la anónima cotinianidad, a Pocho con su bicicleta o a Francisca y sus lunes de perfumes.

El León es y será un maestro sin etiquetas que nos enseña con sus armónicas y rifeos cantar subversivamente ante este gripazo milenario. Un bandolero futurista como emanado del paisaje idílico de Haroldo Conti, anunciando que en esta sempiterna lucha existe la obligación de vivir, amar y luchar risueñamente para alcanzar el vuelo brisáceo de Dylan, el día de la libertad, el flipe genial y el canto del futuro.

Grande León, grande tu concierto.

El retrato de Michael Jackson (un thriller de terror)



En algún Ghetto metafísico, el King of rock dio con las enseñanzas de Marx. Condenado a vivir en leyendas alienígenas y conspiraciones ligadas a agencias de seguros, discográficas y un pasaje de avión para Argentina, Elvis se rascó las patillas y observó que su muerte fue más eficaz que su propia vida. Tras su parada cardiaca, vendió más discos que pastillas vitanímicas consumidas. La muerte supuso la liberación de las camisas hawaianas, de sus prisiones glamourosas en Las Vegas; pero también su abdicación. El gran mundo de las pancartas y el way of life del Highway que describió Simone de Beauvoir, del Run'n'away, de Streetlights and Glory, lo devoró.

Como en toda buena dinastía, abdicó con los sacramentos y dio la mano de su hija al nuevo King. Un chaval de un barrio de Los Angeles, el menor de los Jackson y criador de ratas que se sublevaban con las hileras de humo de las alcantarillas ante el frenesí de su sociedad. Michael su nombre y su condena al empezar a cantar y bailar la juventud. Azotado hacia la fama se convirtió en dibujo animado para competir con Hanna-Barbera y apropiarse algo de la juventud que se le escapaba, que corría y era imposible detener en el momento apropiado. Era un Thriller anticipado del siglo XXI en el cual se vio encadenado y forzado a ser protagonista en él. Lo cantó y lo bailó entre los zombies que devoran el tiempo y padecen del mismo, víctimas de un mundo donde reinaba el actor Reagan en el escenario bullicioso de guerras y paces, ideologías rojas y azules. Pero Michael quiso un Nevermind, un Nunca Jamás donde esconderse y bailar frenéticamente por más de trece minutos.




Michael Jackson se autoproclamó King of Pop, rebelde como sus ratas frente al mundo, oscuro rondando los barrios donde se escondían la generación de Tom Waits y sus caóticos delirios de libertad cultural. Pensó que la fama era lugar seguro, el vuelo de Peter Pan y encima del escenario, junto a Reagan en la Casa Blanca, vistiendo un traje dorado sobre un fondo oscuro, se vio esclavizado, renacido como un Oliver Twist que no conocía ni quería conocer. Sonriente, Reagan le estrechó la mano y le guiñó un ojo, satisfecho por abrazar al King of Industry, un empresario que hacía de la música oro. Ni Bill Gates podría superarle con sus plagiados inventos informáticos. De pronto Michael palidecía al verse danzando encerrado en una caja technicolor con videoclips de MTV, películas como Moonwalker y videojuegos donde tenía que superar danzando y cantando, gritando con furia, cada nivel de una historia cuyo final eran Scores, simples cifras.

Con furia y ya corroído, convertido en maquinaria, trabajó más y más, reventando su caja torácica. En Nevermind se refugiaba e imitaba tan bien a J.M.Barrie, que los todólogos de los Mass Media lo ajusticiaron de pederasta, loco, enfermo y todo los inclasificables calificativos que son posibles de etiquetar a un dinasta.

Decía un amigo mío, entre jarras de doradas, que Michael murió de pena. Ironica o literalmente, es muy posible. El mundo al que cantaba, el espejo que anhelaba, jamás surgió y fue presa fácil del monstruo que devoró a Elvis y otros astros. Convertido en mito, en pétreo busto, en lienzo de salón y en cuerdas vocales conservadas en vinilos y cd's, Michael Jackson también ha aprendido la lección de Marx: "Cuanto más produce un trabajador, más se empobrece;cuanto más valores produce, tanto más son ignorados; cuanto más esfuerzo, más desmayable y encorvado el trabajador (...) es resultado de un valor despojado por una fuerza mayor." Acaso Michael fue víctima de esa fuerza mayor, de un ser abominable y destructor, borracho de la ansiedad del tiempo y el consumo patológico de los hombres de Reagan. Ya convertido en un órgano más del sistema, derrochó el dinero con vicios, desorientadas ilusiones de papel y en su rostro se reflejaba el de Dorian Gray. Pero también dejó una estela musical, unas ansias palpables que han quedado para la posteridad postrera de lo que nos depara este Thriller. Acaso lo mejor será aprender de estas historias, ponerse la chaqueta roja, cogerse del paquete, hacerle frente a este Thriller y... Beat It !




jueves

Recuerdo en el olvido








Recuerdo en el olvido

Olvidarte es recordarte
acodarte en mi marea
turbia, ofuscada sin tea
que se vacía al fumarte.

Me persigues con tu nombre
que si torpe me secuestra
huyo como Malatesta
al exilio de la lumbre.

Pero no sería huída
si entre todos los vecinos
te comprásemos recuerdos
un pasaje sólo de ida.

Recordarte es olvidarte
ajusticiarte con nombres
de tristes y vetustos hombres
nietos de quienes mataste.

Recordarte es olvidarte
saber que nunca volverás
que al pensar, piense en darte
un presente del jamás.


Poema by W.
Foto by Manel Armengol.

domingo

Los Coquillos


Como algunos sabrán, he tenido el privilegio de los mortales de viajar y estudiar en diferentes lugares fuera de mi isla. En mi cámara del recuerdo albergo muchas impresiones, algunas de formato póster y otras, cercanas a la menudencia. De éstas últimas, cabría destacar aquellas donde en mis ratos de estudios o quehaceres rutinarios, dejaba puesta la música, atrayendo así a mis amigos al umbral de la puerta. Entonces preguntaban qué escuchaba. "Pues Los Coquillos", respondía yo en aisladas ocasiones. Y aquello les arqueaba las cejas y sonreían. Y yo me contentaba con aquello y sonreía igual; igual que ayer cuando, frente al escenario, sonaba aquel Volver de Chavela Vargas.




Volvía a sentirme un enano, cantando la alegría de lo inesperable, de esa larga fuga y su regreso de la famosa "Prisión provincial". Con tropicales y abrazos brindábamos esta larga nostalgia que tanto ellos como nosotros esperábamos. Todos sabíamos que este grupo de Pop/Rock de nuestros 90' sería eterno, interminable, que sus vacaciones no se alargarían por muchos años. Más desde aquel fenómeno en que su famoso tema "Borracho hasta el amanecer" se convirtió en número uno en Latinoamérica, una década después. Y veíamos a Ginés en la Biblioteca de nuestra universidad con ganas de coger la guitarra y dejarse la peluca. Precisamente a orillas de esta, nuestra sempiterna Playa de Las Canteras, de Manuel Padorno, de los domingueros, de los pescadores de la Peña, de los surfistas de la Cícer, de los guiris enrojecidos, de los veleros...ahí, en "nuestra casa", la noche del solsticio se embriagó con las voces, rifeos y arpegios de Los Coquillos.

Son momentos donde la carcajada enerva al tiempo hasta derrotarlo por completo. El concierto y este pase al hueco a lo Germán -como dice Ginés- se nos pasó tan rápido que nos quedamos con el mono de seguir canturreando y estirar los codos al aire, con esos temas brutales, propios de nuestro repertorio colectivo como es "Si, si, si" o aquellos que no se llegaron a tocar como son "Vuela en Guagua", "La cabra de la Legión" o "Sr. Entrenador". Pero también la noche suele despertarse y, como canta Chavela Vargas, volver.

Les dejo con un temazo que también tocaron ayer: "Si,si,si".
Y también lamento no poder colgar fotos propias del concierto, que están en manos ajenas...





Foto by José Carlos Guerra, en Flickr.

sábado

Papeles inesperados



Entré junto con los Ilustrados en aquel bodegón, sentándonos en el silencio, sobre aquellos troncos embarnizados por el letargo del tiempo; el mismo por quien brindamos con unos verdes biberones y tubos de Coca-Cola, ahuyentándolo después con mandíbulas batientes al rincón del olvido. ¡Qué más da la edad de uno si el pasaje ya se nos ha adosado a la piel! Lo importante en el recuerdo era el momento: el enyesque, los chorizos flambeados y el rumor que se solapaba con terror sobre el pasado blanquinegro que adornaba la pared. Y también esa espera de lo inesperado que se cubría bajo la bolsa de plástico.

Los Ilustrados, son como los Cronopios. Y a veces te preguntan y juegan obras elementales, tales como "El descubrimiento de Aurora Bernárdez y Álvarez Garriga". No me ofrecieron una caja inflada con manuscritos y papeles, poemas y artículos, sino su resultado: "Papeles inesperados", de Julio Cortázar.

Como se puede intuir, son papeles inéditos e inesperados para quien publicó -con todo su equipo de Cortazarianos- este libro. En ellos hay más historias de Cronopios, del tal Lucas, historias y cuentos simplemente, artículos dispares, versiones impares, poemas algunos y entrevistas propias. Es poliédrico como fue él mismo y entre las líneas uno vuelve a encontrarse ese estilo de quien escribió aquella Rayuela y los Manuales más dispares para reir, llorar y matar hormigas en Roma. Da igual si no has leído a Julio Cortázar, si somos lectores-antihéroes o lectores-héroes que tienen que leer no solamente sus obras, sino también sus escritos en el fondo de la caja.



Hicieron bien los Ilustrados en regalarme este libro que huele a salitre, y preguntarme silentes si he leído esto otro de Cortázar. Hicieron bien, porque era inesperado.

Por último, les dejo con un escrito que he hallado en este libro y que me ha gustado mucho:

Orden del día

"A qué viene la noche si no es buscando pájaros. Sobre la profundidad que abraza mi balcón, asisto sin palabras a la marea ciega y astuta, sus lápices infatigables, el pausado latido concéntrico de su corazón. Por eso he abandonado el sueño, saliendo de sus manos por un infinito estudio y una segura consecración. Ahora estoy enteramente en la actitud nocturna que las horas más graves exigen. Huyo de los relojes, establezco distancias invariables de mi cuerpo al llamado de timbres y campanas. Sostenido en mi balcón por una paciencia osada, miro llenarse la calle de topacios, en una sorda batalla de sustituciones, hasta que las aristas de toda construcción son arrastradas por la marea de lo que viene y las aguas de la sombra ascienden, con aspirados torbellinos silenciosos, hasta mi refugio. A qué viene la noche si no es buscando pájaros. Cuando está junto a mí, abro los brazos, la bebo profundamente y me dejo ir, ya olvidado de resistencias, como un halcón fulminado o una construcción gótica."


Julio Cortázar.

Foto by Antonio Gálvez.

martes

Vetusta Morla



Se movía con tanta lentitud, que apenas se dejaba notar bajo las pisadas de Atreyu. Era un ser aparentemente inocuo, pero en realidad albergaba algo reluciente que incitó la búsqueda del pequeño Atreyu. Hoy, no sé por qué razón, releí el pasaje de aquella "Historia interminable" -de Michael Ende- que tanto se asemeja a la que piso en estos momentos. Acaso quería que me lo gorgoteara ella misma:


"Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno... el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer y lo que nace debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante."



Y he aquí que la vieja Vetusta Morla nos dijo con sabias palabras que el momento es tan frágil, que hay que aprovecharlo como una eternidad.




Contrariedad dialéctica, elixir de palabras, sosegados, calculados, largos pasos...Tal es así el grupo de rock Vetusta Morla. Los madrileños llevan tocando casi una década, pero sus ecos eran permisibles desde tiempo en Radio 3. Coagulando influencias musicales poliédricas, pulidas con unas letras cargadas de lirismo, son capaces de estremecer y claudicar subversividad. "Pintar otra vez esta habitación / no me convence nada este color", dice un tema suyo ya que, curiosamente, somos felices porque "tu juego me ha dejado así / consumir, producir, la sangre cubre mi nariz / no sé dónde quedó el rumor que nos vio nacer / pagó la jaula al domador", como dice el tema que lleva el título de su Ópera Prima: "Un día en el Mundo" (2008). Más allá, la voz de Pucho -que parece simular a Eddie Vedder o acaso a Bertrand Cantat quien lideraba otro grupo tan legendario como era Noir Désir- transmite también la empresa por fijar al individuo entre la espada y la pared. Salen a brotar los impulsos, sentimientos y actitudes que tomamos, muchas veces tan contrariadas y dobladas que hay que correr bajo el lema "Sálvese quien pueda"; y al final respirar y reconocer que no todo está perdido, que somos capaces de tomar rumbos a latitudes tan utópicas y ensoñadas como es Copenhagen. Lugares que rescato del olvido y reconstruyo con más luminosidad, afirmando que sin la música y la poesía me volvería demasiado cuerdo como para vivir.

El Indie-Rock español no está muerto; acaba de nacer, como seguramente diría la vieja tortuga Vetusta Morla. Y etiqueto sin sentires atormentosos o equívocos que se trata verdaderamente del Indie. Porque su música va más allá y se forja en sus actitudes y en sus formas de vivir esta Historia interminable. No tienen discográfica: tienen la suya propia; no tienen decisiones e imposiciones de managers vestidos de Men in Black: todo lo deciden por asamblea. No emocionan con ligeras letras y cuatro acordes: lo hacen con prosaico solapamiento y destreza, tanto en sus letras como sobre las cuerdas de las guitarras.

Por todo ello, creo que la banda sonora de esta Historia Interminable no debería ser la de John Williams, sino la de Vestusta Morla.

Y antes de que reciba moretones de cierto amigo friki, les dejo con el videoclip y el tema principal de su disco. El video ganó un premio en el Festival de Cine de Málaga:




Fotos by Álvaro León.

domingo

Un cuento sobre el césped



Despertaré decepciones en algunos lectores de mi humilde Blog. La razón: esta entrada; y la excusa: la alegría y la emoción que palpito en mi pecho. La culpa: la radio.

Como bien saben, el fútbol es un deporte que atrapa a millones de personas y en todas partes. No se escapan ni los más prestigiosos literatos e intelectuales. Pienso, por ejemplo, en Mario Benedetti, en Eduardo Galeano, en Manuel Vázquez-Montalbán, Juan Cruz y tantos otros que no se ruborizaban si admitían que ellos eran forofos, seguidores y hasta perseguidores de la pelota de cuero. Sabemos que en el reino del fútbol hay catedrales que causan una celosa envidia a los curas, más si es fin de semana. Y que sudan, rezan y buscan ciegamente sus dioses. Aunque esas deidades se corrompan propagando anuncios y se llenen las botas con dinero, sus seguidores son benévolos, perdonan y se parten el alma en alegrías y sollozos. Y aunque podría seguir retratando este cosmos olímpico, esbozar alguna historia u anécdota donde los amores, esperanzas y leyendas se cruzan con el balón, déjenme decirles que, pese a las herejías, pecados y obsesiones, el fútbol como cultura popular te toca (o me toca).



Tal es así que, aunque no persiga con afán y devoción este deporte, tengo un corazoncito. La culpa la tuvo ante todo mi padre -al llevarme siendo crío a un rugiente estadio- como los recreos de mi colegio. Hoy, nada es como era; menos el equipo al cual sigo atentamente. Un equipo humilde, formado por jóvenes que corren por esos verdosos y aplanados campos. Por eso lo llaman Fohlen (Potros), que en ocasiones ganan grandes títulos o partidos, y en otras descienden o luchan por la permanencia en la primera liga. Es como la vida misma y eso te identifica: unas veces pierdes, pero en otras ganas. Y siempre hay que levantarse del césped, tal y como canta el grupo rockero Die Toten Hosen. Lo cierto es que, este año, el Borussia Mönchengladbach -dejémoslo en Borussia- ha luchado por no descender y lo ha logrado. Hasta este último sábado no me había apartado del transistor mientras estudiaba. Fueron cuentos y milagros muy propios de las Mil y una noches. Anónimas y desafiantes ante el destino. Acaso me quede con este partido donde el argentino Roberto Colautti -que tenía tan mala suerte como el viejo pescador de Hemingway- metió el gol de la victoria en el último minuto. Y como oirán, el reportero casi se nos va con los grandes, mientras el estadio parecía resquebrajarse.







Traducción:

"...y el balón largo a Neuville, podría empujarse, corre por la banda derecha, está a la altura del área pequeña ¡Colautto libre! ¡Pase, venga hazlo!
¡Gooooool! ¡Gooooool! ¡Gooooool!
¡Roberto Colautti mete el gol en el minuto 90!
¡Me vuelvo loco! Roberto Colautti le pega abajo a la izquierda y el estadio está cabeza abajo, la tribuna está cabeza abajo y, verdaderamente, yo también.
¡Increíble!¡En el último minuto!
Entramos en seguida en el tiempo de descuento y Colautti, frívolamente, desde la altura del punto de penalti, se libera...después de que Galasek había jugado el balón genialmente desde su propio campo lo coge Neuville, se calma, pasa al centro y Colautti sube la cabeza, mira y bate a Manuel Neuer...y mete el 1 a 0 para Gladbach....y de pronto, el mundo se nos muestra mucho, mucho mejor; porque a las 17.15 hora local...¡No! ¡Qué digo! Son las siete menos cuarto, si no es sábado...a las siete menos cuarto Gladbach no está en un puesto de descenso. Y ahora, Lothar Sippel [el árbitro] pita ya el final porque no hubo lesiones..."




Foto by georgfilios, en Flickr.