Buscando a Eric (Looking for Eric)

viernes 4 de diciembre de 2009


"Si quieres sorprender a los demás, sorpréndete a tí mismo".



Hay episodios truncados en nuestros trayectos. A veces, nos encontramos como Eric Bishop (genial Steve Evets) desorientados, sumidos en un atormentado momento vital, desmotivados ante el destino y afligidos por los entrañables momentos que se ven prisioneros en un baúl de nostalgias. El ambiente oscurece y el laberinto se ensancha hasta que no eres consciente que la felicidad es una puerta que se abre hacia dentro, teniéndose que retirar un poco, sin empujarla. Y con una reflexión de Kierkegaard, un porro entre los labios y un póster de Eric Cantona de frente, es como comienza la escalada desde la negrura de las noches insomnias, buscando a Eric.

Buscando a Eric es la peripecia de todos y de un sólo individuo por conquistar los días sellados con sonrisas. Es volver a rockanrolear como en la juventud perdida y reconocer que la felicidad es compartida, algo tan evidente como ese pase que dió Cantona a Irwin ante los Spurs de Tottenham. Ser feliz es ver a otros felices y, por ende, a todos. Es, en el sentido futbolístico, ser feliz por un gol, por tu compañero, por tu equipo, por el estadio. Y si la felicidad es compartida, la ayuda también. Los amigos serán los hombros en los que confiar, en la disponibilidad sine qua non, nada es posible en los tiempos que corren. Junto con su alter-ego, reencarnado en su ídolo, el futbolista francés Eric Cantona (Eric Cantona, lui-même que prosigue su carrera cinematográfica desde otra película que recomiendo: La fortuna de vivir, de Jean Becker) y sus amigos del trabajo y de la taberna, el reinicio de su vida sería imposible de concebirse. Y los problemas y sueños que alberga su íntimo ser -que van desde el amor eterno hasta sus hijos, sin pasar por el fútbol que pasa de pasada-, seguirían siendo utopía, palabras vanas.


Eric frente a Eric, en la película LooKING for ERIC.

Ken Loach y Paul Laverty -maestros del drama social británico, con obras como It's a free World, Ae Fond Kiss, My name is Joe, Sweet Sixteen o Tierra y Libertad por nombrar algunas- nos vuelven a incidir en que hay valores que siguen tan latentes como antaño. Aunque conservan una mirada crítica y un guiño combativo tan propio en ellos, ambos irrumpen en un terreno que desconocían hasta ahora, tal y como era la comedia. Y la coagulación de géneros y miradas diferentes, han dado a una película que encierra una visión optimista ante las dificultades actuales. El humor, la amistad (el microcomunismo) y el optimismo salen a relucir como valores fundamentales frente a otras propias de la sociedad actual, tales como el egocentrismo, la idolatría energúmena y el despilfarro (que refleja en las generaciones venideras).
Buscando a Eric es, en definitiva, una película entrañable, apta para gestos risorios y reflexiones filosóficas (y futbolísticas por la fuerza), provista además de mensajes subliminales o no tan subliminales que garantizan discusiones risueñas de taberna; y que destila desde la pantalla un optimismo necesario para aquellos que no pueden sentarse en las gradas de los privilegiados.



Título: LooKING for ERIC (Buscando a Eric)
Año: 2009
País: Reino Unido
Dirección: Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música: George Fenton
Reparto: Eric Bishop (Steve Evets), Eric (Eric Cantona), Lily (Stephanie Bishop), Ryan (Gerard Kearns), Jess (Stefan Gumbs), Meatballs (John Heshaw), Spleen (Justin Moorhouse)

La noria (la grande roue)

martes 1 de diciembre de 2009


El Riesenrad, en Viena.



En mi calendario 
recuerdo los días
en aquella noria
donde perseguía
una acuosa risa
que me secuestró
un eje de abscisas.


Girando girando
fatigado de ella
y sus sonajeros
bajé de la noria
con muchos más años
y un eje roído.


Torné la mirada
ante el canto de un 
y observé como ella
reía y reía
mientras otra chica
que me perseguía
lloraba mi caída. 


Poem by W. 
 


 

Mein President

miércoles 25 de noviembre de 2009



Reímos. La gente aleteaba sus palmas al viento y asomaba sus risueños rostros desde un tren de Barrio Sésamo que creí haber perdido en el tiempo que corre despavoridamente hacia un futuro sin inocencia. Pero no por ello reímos, sino por lo surrealista que puede llegar a ser que en una serie de humor la ciudad de Mönchengladbach sea un apreciado destino turístico.


Ambrosio, Adolfo, Eva, Susan y Hans, según laian.



La referida serie es Mein President, una obra satírica que no arrasa (¿arrasará?) en Internet y que cuenta en clave de kitsch las aventuras del recién elegido Bundespresident Adolfo y su mujer Eva, sus hijos Hans (un osito con dotes de Michael Winslow) y Susan, así como del mayordomo y consejero Ambrosio. La serie en sí no presenta novedad alguna y hasta puede que se mueva en un ambiente ya desinflado y más que visto. Pero lo verdaderamente surrealista es ver a estos humoristas hablar de tópicos, lenguajes e historias con soltura y en castellano, en un escenario que se me asemejaba al teatro televisado ya extinto. Para un hispanoalemán -y que para más inri es de esa región donde ahora veranean Adolfo y compañía- es agradable reirse de cómo untan la salchica como magdalenas en el café o hablan sin tapujos de las manías ajenas por cenar más allá de las 6 de la tarde (¿o será de noche?). Eso sí, lo imperdonable es que sean del Bayern München y lean el Bild. En fin, todo un delirio alemán que os invito a ver para que se rían como yo y mis amigos alemanes (que solo entendieron Mönchengladbach y Wickrath)

Aquí el enlace: Mein President

Esquinados corazones

domingo 22 de noviembre de 2009



Esquinados corazones
que se dejan desplomar
sobre las huecas aceras
sin más contornidades
que plastificado negro
y astilladas cajas.

Carecen las esquinas
de buzones esperanzadores
de paradas colectivas
de abanicos taxistas
que abran avenidas.

Sin idas ni más vueltas
que tres cercanas cuadras
beben los esquinados
el tragaluz de las farolas
deshinchadas y dudosas
por la oscuridad
de esta ciudad.



Poem by W.

Robert Enke, Nummer 1

miércoles 11 de noviembre de 2009



"Ich weiß nicht, ob jemand das Leben lenkt. Aber soviel weiß ich: man kann es nicht ändern."

"No sé si alguien dirige la vida. Pero una cosa sí que sé: no se puede cambiar."



R.Enke.



El periódico matutino no desprendía el aroma de tinta, ni retenía el calor como cuando envolvíamos los pies ante el frío invernal. Eran rastrojos de noticias inmundas, de guerras y sucesos, de impotencia y delirio que no merecían otra función que arrugarlos y rellenarlos en nuestros calzados para combatir así el frío. Bien abrigados, con las verdes bufandas y los periódicos en los pies, íbamos al viejo Bökelberg para ver al Borussia perder partidos, que como el estadio, también cayeron como caen algunos muros y retazos de la Historia. Y poco importaba si perdían, si ganaban o si volvían a perder, nosotros gritábamos y alentábamos a los nuestros para mantener el calor sobre las palmas de las manos. Era por sentirnos vivos y no congelados.

Si la vida durara 90 minutos (más lo añadido), entonces es difícil suspender las emociones, contener el dolor íntegro que supone ir perdiendo 1:7. Pero el guardameta -posición que jugué con mucho gusto durante un tiempo- debe saber guardar ese silencio. Es una gran responsabilidad ser el último reducto de esperanza, la columna que mantenga el mundo, los tres palos. Y si te marcan, debes saber mentalizarte, cortar de raíz la lástima y el dolor que causa ir con un resultado adverso, encajar la frustación y la desesperación de tus compañeros. Creo que por todo ello (más lo futbolísitico) fue por lo que Enke fue (y es) nuestro ídolo: alguien que transmite sosiego, que razona y actúa en consecuencia, que sonríe ante la dificultad y ayudaba y se comprometía con sus compañeros sobre el césped. Alguien, en consecuencia, que no enloquece e insulta al mundo como suelen hacer dictadores con rasgos homínidos de evolución estancada, como Oliver Kahn o Sepp Maier.


Robert Enke (1977-2009)


Pero, ¿cuántas derrotas podemos contener? En la vida, uno a veces se estanca como el agua. Remite los versos de Neruda cuando, a veces, uno se cansa de ser hombre. Y piensa en lo absurdo de la vida que demostró Camus con Sísifo de ejemplo. Nos tatuamos los sufrimientos con el silencio y creemos contener las lágrimas y la ansiedad, guardarlas, arrinconarlas, pararlas. Pero siguen ahí latentes, pesan. La vida no suele ser justa, como a veces los resultados en la pizarra no reflejan el buen fútbol jugado. A veces me pasa, a veces me canso y me acuesto silentemente, pensando en las goleadas que encajé. Pero también pienso que Camus tenía razón: "si sabemos que todo es absurdo, ¿por qué no seguir jugando? Aunque sea por curiosidad".

Todavía faltan minutos por jugar y el marcador me insulta con el resultado desfavorable. Pero el fútbol como la vida guarda sorpresas. Quién sabe. Acaso algún día me vea entrenando a un niño bajo los palos con mi apellido, hablándole de obras teatrales, filosofías y lógicas existencialistas que solía parar un portero cuyo nombre era Robert Enke. Un Nummer 1 que se comprometía por cambiar el mundo y que me obligaba a arrugar los periódicos para verlo jugar. Eso sí que no se puede cambiar.

La voz dormida

sábado 7 de noviembre de 2009



Quizá el tiempo se mida en palabras. En las palabras que se dicen. Y en las que no se dicen. Pepita lee una y otra vez los diarios de Hortensia. Una y otra vez. Un día y otro. Y un mes. Y otro mes. Pepita cuenta las páginas de los cuadernos azules y las veces que las ha leído para Tensi, mientras Tensi crece.

Y cuenta los días y los meses que pasan sin nociticias de Francia, idénticos unos a otros en el silencio. Sí, el tiempo es también la duración del silencio.



de Dulce Chacón, La voz dormida.



Así que se apresuró a cerrar las puertas y las ventanas. Tanteó una silla para ofrecerle un sitio. La escritora comenzó a sacar de su bolsillo alguna grabadora o un bloc de notas que alteró a la anciana. Nerviosa le susurró sus únicas condiciones:

- Quiero total anonimato. Guarde su bloc y la grabadora. Solamente escuche.*

La sigilosa voz le contó otra historia, aquella que buscaba y desconocía. Dulce comenzó a escuchar. Comprendió que el diálogo era retornar a la esencia de la palabra, del logos, es decir, de la razón. Comenzó a inflar su bolsillo con palabras que dispersas se albergaban en otros rincones del país y en otras casas con o sin ventanas clausuradas. Y aunque también estudió los sabios libros, consultó eminentes historiadores y rastreó tanto bibliotecas como archivos, no pudo silenciar las carcajadas, los sollozos y las voces que comenzaron a despertar desde su bolsillo. Surgió la voz dormida.

La voz dormida (2002), fue acaso la novela más exitosa de Dulce Chacón -aunque no hay que menospreciar otras como Cielos de barro (2000)- y que se ha convertido en una lectura obligatoria, en una obra de referencia dentro de la literatura contemporánea española. En ella se ha dado voz a los sin voz, a los vencidos y en especial a las mujeres que han padecido una triple o cuátruple derrota por su condición como mujer. Irónico verse atrapadas en las propias celdas que creó la República para mejorar las condiciones de los presos; pero ahí estaban, en la prisión de las Ventas. Sus delitos eran simplemente haber sido rojas o haber luchado por una República que no quiso doblegarse ante un vil y abyecto golpe de estado. Ahí estaban Hortensia, Tomasa con sus ansias por ver el mar reflejado en sus ojos. También la chiqueta de ojos verdes, la sangre de Reme, las trece rosas y muchas otras más. Los centinelas y las funcionarias como la Venenos pudieron arrancarles las alas y el vuelo, sus hijos, humillarlas y torturarlas, burlarse de ellas con sus calaveras que sellaban promesas mortuorias; pero ellas resistieron y no cayeron de bruces frente al macabro destino. Las paredes rezumaron esperanzas infladas con dignidad y orgullo, solidaridad y una amistad capaz de ahuyentar a los espectros fantasmagóricos que anidaron en un país desolado, empobrecido y fracturado como fue la España franquista. Secaron sus lágrimas cuando no hubo a quien llorar. Cantaron la Internacional cuando un Ave María no recomponía los pétalos perdidos. Soltaron carcajadas cuando el silencio las amenazaba con el delirio. Mantuvieron ardiendo el amor que se exiliaba tras décadas. Lucharon.

La escritora y poeta Dulce Chacón (1954-2003)


Las voces cobran protagonismo en esta narración que a la par se abriga con un manto de lirismo, propio de Dulce Chacón que como poeta siempre ha destacado. La emotividad florece con el transcurso de la lectura que mientras vuela, se nutre de recuerdos y miradas hacia un futuro delegado en los oyentes de las voces enmudecidas. La voz dormida es un libro que postula a los verdaderos héroes en su sitio histórico, ya que -a mi entender- son aquellas personas que han conservado la integridad y los valores más nobles del ser humano. Y que han luchado. Han sido mujeres que han tenido la valentía de luchar por sus derechos, por un mundo más justo e igualitario y ante una atávica sociedad patriarcal que se nutría de tradiciones y discriminaciones que se han alargado durante siglos. Dulce Chacón nos vuelve a recordar que la literatura no se puede concebir de otra manera que no sea como ella misma ha sido capaz de plasmar; así, venciendo a la ignorancia. Pero además, sabiendo hacer coexistir un lenguaje poético propio -flexible y poderoso en imágenes- como natural y sabio en las voces que hablan durante una narración que alberga esperanzas, sollozos pero también risas.

Y puestos a hablar del poder de la literatura y de este libro en especial, les dejo con un tema del último disco de Barricada, La tierra está sorda. ¿Por qué? Pues, porque es la banda sonora de este libro...







*Aquello ocurrió iniciado el siglo XXI, con la democracia ya plenamente instaurada.

Paris, je t'aime

domingo 1 de noviembre de 2009



Los retazos de nuestras vidas albergan muchas historias, todas ellas acontecidas en ciudades que habitamos o transcurrimos efímeramente. En ocasiones somos sus creadores, simples espectadores pero también -quien lo negará- intérpretes y protagonistas de las mismas. Algunas son emotivas y dignas de recordar reiterativamente; otras causan una sana carcajada, codeos entre contertulios; y si, también están aquellas que cortan el aire y encogen el corazón. Sin todas ellas, las noches en nuestros bares perderían todo ambarino aura, los libros se exiliarían en el olvido y no se concebirían películas como Paris, je t'aime.

Paris, je t'aime no es una película sino un compendio de 18 cortos que rinden homenaje a todas estas referidas historias que vivimos diariamente con nuestros gestos, miradas, voces e imaginación (en ocasiones, claro). Los más distinguidos directores -desde los hermanos Coen, pasando por Tom Tykwer y Oliver Schmitz hasta Walter Salles y Alexander Payne- han presentado historias de encuentros y desencuentros, de risas y lágrimas, de frenesí y ralentí, no sin dejar su sello propio. Con sus convexas lentes amplían las aceras, parques y rincones donde los viandantes (intérpretes como Catalina Sandino, Bob Hoskins, Willem Dafoe, Nick Nolte, Sergio Castellitto, Juliette Binoche y taaantos más) hilan y deshilan historias donde el amor -en sus múltiples formas- constituye el fundamento de toda esperanza, contemplación, búsqueda, imaginación o drama social. Precisamente por ello hablar de París es irrelevante, o por lo menos queda en un segundo plano. París, de pronto, no es una metrópolis francesa. Es una ciudad universal que infla sus pulmones con estas pequeñas historias.

Difícil retratar este proyecto donde se coagulan diferentes maneras de ver y exponer estas historias. Hay pequeñas obras maestras, otras menos brillantes y si, también las que sinceramente caen en saco roto. En realidad es una invitación para quienes como a mí les gusta el cine, los pequeños relatos (el cortometraje, vaya) y ese resabor al final por seguir creando mosaicos que constituyan nuevas historias para contar.

Y como San Youtube es tan benigno, les dejo con un cortometraje que a mí me ha encantado. Se llama Place des Fetes y es de Oliver Schmitz:








Título: Paris, je t'aime
Año: 2007
País: Francia
Dirección: Olivier Assayas, Frédéric Auburtin, Gérard Depardieu, Gurinder Chadha, Sylvain Chomet, Joel Coen, Ethan Coen, Isabel Coixet, Wes Craven, Alfonso Cuarón, Christopher Doyle, Richard LaGravenese, Vincenzo Natali, Alexander Payne, Bruno Podalydès, Walter Salles, Daniela Thomas, Oliver Schmitz, Nobuhiro Suwa, Tom Tykwer, Gus Van Sant
Guión: Idea: Tristan Carné
Música: Pierre Adenot, Michael Andrews, Reinhold Heil, Johnny Klimek, Marie Sabbah, Tom Tykwer
Reparto: Natalie Portman, Fanny Ardant, Elijah Wood, Nick Nolte, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Bob Hoskins, Gena Rowlands, Ben Gazzara, Gérard Depardieu, Steve Buscemi, Rufus Sewell, Emily Mortimer, Maggie Gyllenhaal, Leonor Watling, Miranda Richardson, Juliette Binoche, Sergio Castellitto, Olga Kurylenko, Li Xin, Margo Martindale, Yolande Moreau, Catalina Sandino Moreno, Ludivine Sagnier, Barbet Schroeder, Gaspard Ulliel, Javier Cámara

 
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