La voz dormida

sábado, 7 de noviembre de 2009



Quizá el tiempo se mida en palabras. En las palabras que se dicen. Y en las que no se dicen. Pepita lee una y otra vez los diarios de Hortensia. Una y otra vez. Un día y otro. Y un mes. Y otro mes. Pepita cuenta las páginas de los cuadernos azules y las veces que las ha leído para Tensi, mientras Tensi crece.

Y cuenta los días y los meses que pasan sin nociticias de Francia, idénticos unos a otros en el silencio. Sí, el tiempo es también la duración del silencio.



de Dulce Chacón, La voz dormida.



Así que se apresuró a cerrar las puertas y las ventanas. Tanteó una silla para ofrecerle un sitio. La escritora comenzó a sacar de su bolsillo alguna grabadora o un bloc de notas que alteró a la anciana. Nerviosa le susurró sus únicas condiciones:

- Quiero total anonimato. Guarde su bloc y la grabadora. Solamente escuche.*

La sigilosa voz le contó otra historia, aquella que buscaba y desconocía. Dulce comenzó a escuchar. Comprendió que el diálogo era retornar a la esencia de la palabra, del logos, es decir, de la razón. Comenzó a inflar su bolsillo con palabras que dispersas se albergaban en otros rincones del país y en otras casas con o sin ventanas clausuradas. Y aunque también estudió los sabios libros, consultó eminentes historiadores y rastreó tanto bibliotecas como archivos, no pudo silenciar las carcajadas, los sollozos y las voces que comenzaron a despertar desde su bolsillo. Surgió la voz dormida.

La voz dormida (2002), fue acaso la novela más exitosa de Dulce Chacón -aunque no hay que menospreciar otras como Cielos de barro (2000)- y que se ha convertido en una lectura obligatoria, en una obra de referencia dentro de la literatura contemporánea española. En ella se ha dado voz a los sin voz, a los vencidos y en especial a las mujeres que han padecido una triple o cuátruple derrota por su condición como mujer. Irónico verse atrapadas en las propias celdas que creó la República para mejorar las condiciones de los presos; pero ahí estaban, en la prisión de las Ventas. Sus delitos eran simplemente haber sido rojas o haber luchado por una República que no quiso doblegarse ante un vil y abyecto golpe de estado. Ahí estaban Hortensia, Tomasa con sus ansias por ver el mar reflejado en sus ojos. También la chiqueta de ojos verdes, la sangre de Reme, las trece rosas y muchas otras más. Los centinelas y las funcionarias como la Venenos pudieron arrancarles las alas y el vuelo, sus hijos, humillarlas y torturarlas, burlarse de ellas con sus calaveras que sellaban promesas mortuorias; pero ellas resistieron y no cayeron de bruces frente al macabro destino. Las paredes rezumaron esperanzas infladas con dignidad y orgullo, solidaridad y una amistad capaz de ahuyentar a los espectros fantasmagóricos que anidaron en un país desolado, empobrecido y fracturado como fue la España franquista. Secaron sus lágrimas cuando no hubo a quien llorar. Cantaron la Internacional cuando un Ave María no recomponía los pétalos perdidos. Soltaron carcajadas cuando el silencio las amenazaba con el delirio. Mantuvieron ardiendo el amor que se exiliaba tras décadas. Lucharon.

La escritora y poeta Dulce Chacón (1954-2003)


Las voces cobran protagonismo en esta narración que a la par se abriga con un manto de lirismo, propio de Dulce Chacón que como poeta siempre ha destacado. La emotividad florece con el transcurso de la lectura que mientras vuela, se nutre de recuerdos y miradas hacia un futuro delegado en los oyentes de las voces enmudecidas. La voz dormida es un libro que postula a los verdaderos héroes en su sitio histórico, ya que -a mi entender- son aquellas personas que han conservado la integridad y los valores más nobles del ser humano. Y que han luchado. Han sido mujeres que han tenido la valentía de luchar por sus derechos, por un mundo más justo e igualitario y ante una atávica sociedad patriarcal que se nutría de tradiciones y discriminaciones que se han alargado durante siglos. Dulce Chacón nos vuelve a recordar que la literatura no se puede concebir de otra manera que no sea como ella misma ha sido capaz de plasmar; así, venciendo a la ignorancia. Pero además, sabiendo hacer coexistir un lenguaje poético propio -flexible y poderoso en imágenes- como natural y sabio en las voces que hablan durante una narración que alberga esperanzas, sollozos pero también risas.

Y puestos a hablar del poder de la literatura y de este libro en especial, les dejo con un tema del último disco de Barricada, La tierra está sorda. ¿Por qué? Pues, porque es la banda sonora de este libro...







*Aquello ocurrió iniciado el siglo XXI, con la democracia ya plenamente instaurada.

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