El murmullo
Mis primeros vagidos los emití a pocos metros del mar. No hay falacia en el hecho de imaginar esos instantes ante un lienzo en blanco, semejante al ciego destello solar. La reemplaza por la memoria ausente, pero con insólito basamento de probabilidad posible al dejarse guiar por una deducción plausible. Porque allí se halla el recién nacido en su cuna, mecida por una joven madre, simulando el oleaje. Emitirá desmenuzadas palabras, arenosas, incomprensibles aún para su pequeño retoño; pero de fondo, el yo de mi pasado percibirá también un enigmático rugir, sedoso y que se adentra por la ventana mientras la lechosa y traslúcida cortina se hincha, flota y se desinfla con sosiego. Es un arrullo acompasado, desprovisto de clausura, un primigenio arrorró cuya imitación solo provoca llanto. Porque este murmullo marino emerge desde el origen de los tiempos, revela el movimiento de los átomos, la vibración del cosmos. Hay quienes no le ...

