Un amor de verano
Allá por la década de los sesenta de un siglo pasado, su efímera existencia quedaba patentada por el Dúo Dinámico . En su hit «Final de verano» , Manuel de la Calva y Ramón Arcusa cantaban la partida ineludible y el rastro de intensidad condenada a ser memoria. Eran solo algunos elementos propios del amor pasional, ardiente y propio de la estación estival. Desligada del rictus de los calendarios laborales, de la cojera rutinaria, el amor cobra un sentido mágico en una época del año cuyo aroma del tiempo se extiende hacia una eternidad probada por dorados y prolongados atardeceres. Los amantes, libres de toda coerción social, seducidos por la ilusión y sus infinitas posibilidades, juegan y se desviven con insólito entusiasmo, casi como una recreación idílica e imposible de un paraíso siempre perdido y, sin embargo, presente. Son innumerables las reminiscencias culturales que nos recuerdan un amor que debe ser vivido al m...

