Joan Manuel Serrat & Miguel Hernández

jueves, 25 de febrero de 2010


Sus ojos se cruzaron con su boca desenterrada, calcada en palabras que insertas en un destello se abrían entre sus yemas. Las palabras se presentaron ante el joven lector:

"Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino 
que mancha con su lengua cuanto lame."

Y el joven lector espabiló una sonrisa para no ser menos educado:

"Mi nombre es Joan Manuel,
el noi del Poble-sec,
cantautor de nivel
aquí como en Quebec."

Agradecidos se leyeron mutuamente forjando una amistad poco común en este globo del universo temporal. Caídos en gracia, Miguel Hernández recitaba silente su Cancionero y romancero de ausencias mientras Joan Manuel Serrat, con su guitarra postrada sobre un muslo de labor, huérfano del descanso, componía sus correspondientes tonalidades. Fue así como surgió su primer disco, ovillo poético de palabras, acordes e ilusiones. Porque, ¿quién no recuerda el subversivo manifiesto de Libertad en tiempos de los demonios de Franco? ¿O ese refugio de las posibles bombas de guerras frías que no era, nada más y nada menos, que un vientre? Yo, sinceramente, no lo recuerdo. Pero lo heredé de las sesiones continuas como radiofónicas de mis padres, así  como de mi posterior curiosidad.  
Con el tiempo secuestrando calendarios, leí pues a un poeta de Orihuela, a otro de Montevideo y escuchaba a Joan Manuel Serrat que les cantaba a su vez.   Todo parecía ser materia historiada porque el tiempo se tatuó años. Concretamente, más de treinta para aquel disco titulado Miguel Hernández (1972) y otros cien desde el nacimiento del poeta.  Y ahora, por no querer aplazar el mañana, surge un nuevo disco de ambos y tantos más: Hijo de la Luz y de la Sombra (2010).
Digo de tantos más porque tras la carátula hay más lectores y amigos de Miguel Hernández. Acaso no se leyeron en profundidad, acaso un renglón, un verso para saludarse, lo suficiente para emitir la voz del poeta del pueblo. Ahí están los cortos de José Luis Cuerda, Jaime Chávarri, Sergio Cabrera, Imanol Uribe, David Trueba y tantos otros más que acompañan los versos de Miguel  Hernández y la lánguida, clara y, como siempre, vibrante voz de Serrat.  O la compañía del más célebre cantaor y amigo de poetas como Rafael Alberti, García Lorca o Jaime Gil de Biedma, de ese novillo llamado y conocido como Miguel Poveda. Es un disco que conmemora, que se complementa y se desvincula del anterior disco.  Aunque los versos y la voz parecen haber sobrevivido al crujir de los relojes, el nuevo disco huele a nostalgia con las armónicas y vielas que rezuman del discoidal poemario. Es obvio que treinta años son muchos años para regresar, pero no para continuar de otra manera, reencarnando el mundo que contemplaba el poeta: 

"El mundo es como aparece
ante mis cinco sentidos,
y ante los tuyos que son
las orillas de los míos.

El mundo de los demás
no es el nuestro, no es el mismo."

Su vida tan diferente a la nuestra y, no en balde, tan semejante. La genialidad de Miguel Hernández a flor de piel. Los temas que canta Serrat acaso brillen por su propia existencia. Con poemas que versan sobre miedos, ilusiones, luchas internas como externas, de hambrunas y panes que apenas se diferencian de aquella agonía republicana con la de los actuales telediarios. Escuchar, ver, leer este disco es como adentrarse en aquella prisión inflada de oscuridad para claudicar esa verdad irrefutable: sólo quien ama, vuela
Supongo que habrá que dar las gracias y las felicitaciones a la casualidad. A algún olvidado día donde los ojos de Serrat se cruzaron con las palabras de Miguel Hernández. Porque sin aquella casualidad que quiso forjar una voz y unos versos, jamás nuestros oídos hubieran podido oír que hay que tener presente el hambre, que las cartas son como los vinos o que menos ese vientre, todo es confuso. Y esto durante más de treinta años. 

4 comentarios:

Yaiza dijo...

Y vaya curiosidad infatigable. Te confieso que hay pocas personas que me emocionen cuando escriben, hablan o cuentan anécdotas sobre literatura, música y cine. Y tú eres una de ellas.

Hoy, por ser hoy y no ayer ni mañana, te digo que siempre es un placer leerte.

Buen día!

Diebelz dijo...

Muchas gracias, Yaiza! La verdad que casi me haces sonrojar con tanto halago, jeje. No creo que lo merezca pero es todo un honor! ;P
Y sí, los historiadores somos un incordio buscando y rebuscando, indagando para ser (como decía mi abuelo con cariño) un cuentacuentos.

En fin, a disfrutar de finde!

Salu2 !

kiram dijo...

Estoy con Yaiza, gran artículo!
Serrat es siempre uno de mis talones de Aquiles, una voz que me adormece, que llena mi cabeza de sueños.
Miguel Hernández, aquel a quien la injusticia marcó, cuyos versos eran tan sencillos como pasasionados.
Ya la primerz vez fue hermosísima, ahora, con los años y la experiencia, ha de ser magnífica, esa amistad más allá del tiempo, entre extraños.

Saluditos torrijilla :P

Yaiza dijo...

¿Así que historiador? Pues sí que eres un contador de los buenos. Y de sonrojarse nadita, que hay que aceptar las cosas buenas que tiene uno.

Un abrazo!

Pd. ¿Por qué no he podido acceder a tus últimas dos entradas?

 
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