Sonidos del Brazo de Orión

viernes, 9 de abril de 2010


Queridos seres del espacio exterior, 

poco importa que conozcan nuestras coordenadas, el lapso de tiempo transcurrido desde el momento preciso en que inscribo estas palabras hasta aquel en el cual han hallado este pedazo de existencia. Acaso hayan podido descifrar este arduo código y, con las herramientas adecuadas, la datación relativa pero exacta según su universo. 
Lo cierto es que yo, como todo el universo que albergaba en mí, no existo. Somos el rastrojo de una vida que, según nuestras propias estimaciones, habitaba en un planeta que se hallaba a 28.000 mil años luz (medida de longitud del espaciotiempo) del centro de una galaxia que hemos denominado "Vía Láctea". El referido planeta poseía varias nomenclaturas. Algunos lo llamaban "Pachamama", otros "Gaia" pero la mayoría lo conocía como "Tierra". Y en ella estábamos nosotros, los seres humanos. 

Sería tarea ardua describir a este ser tan complejo, único y que - según uno de ellos que se hacía llamar Platón- era también la medida de todas las cosas. Pero intentaré mostrarlo mediante la manera más fidedigna posible, mediante la música. La música fue y es uno de los mecanismos más ancestrales que se haya podido imaginar el ser humano para comunicarse entre sí y su interior. Biológicamente, el ser humano evolucionó con la necesidad de expresar, por vía sus cuerdas vocales, las partituras que componían su lógico corazón. Con marcado ritmo y armonía, el ser humano expresaba sus más oscuros temores, la incertidumbre de un umbral de duda o bien el destello de una irradiada felicidad. Sin la música no podía aparecer la palabra estructurada que aún hoy conserva en sus genes el ritmo, la armonía, la lírica melódica. 

La inmensa y desconocida Galaxia 

La música es un cromosoma más en los corazones de la humanidad. Afirmo esto porque el aquí lanzado mensaje al espacio no fue idea mía, la de un errante y olvidado ser. En realidad vino de antes, de otros seres humanos como eran Frank Drake o Carl Sagan. Visto que Drake había demostrado matemáticamente que era más que posible la existencia de vida extraterrestre en la estrellada inmensidad, su amigo Carl Sagan le propuso un proyecto, una idea revolucionaria. En palabras del propio Sagan, se pretendía unir los pueblos del Cosmos mediante el amor a la música. Así que en 1977, según nuestra propia datación cronológica, se lanzó una sonda espacial llamada Voyager que, en su interior, albergaba un disco de oro con sonidos, canciones e imágenes de nuestro planeta y de nuestra civilización. De haber sido engullido en el olvido no os preocupéis porque en el anexo he añadido aquellos temas que transportaba el Voyager y que creo -por ser únicos en todo el Cosmos-  deben ser escuchados.

Con un propósito similar os he mandado este disco repleto de canciones. Son canciones que se escribieron durante el tiempo que viví y que hicieron vibrar, reír, sollozar, dudar, esperanzar, anhelar a millones de seres humanos. Mediante la música me gustaría explicarles quienes eran aquellos extraños seres que vivieron junto a mí por un reducto insignificante de años. Demostrar el sentido que se transmitía vía retículos espinales hacia el espacio exterior. Acaso no sea un disco tan ambicioso como el de Sagan pero, ¿qué Historia lo ha sido?
En fin, espero que entiendan y disfruten con estos extraños sonidos.

Atentamente, desde el Brazo de Orión


W.

2 comentarios:

Yaiza dijo...

Yo acabo de llegar. Por ahora las huellas, esos instantes de felicidad que estás dejando, me agradan. La música es uno de los mejores remedios para acabar con la tristeza del alma y una gran herramienta para hacer llegar las palabras (la historia) a los demás.

Musicalmente, me despido de ti hoy. Saludos!!

Diebelz dijo...

Nada, llegas a tiempo. Veremos a ver en qué termina esta partitura!

Salu2 !

 
Design by Pocket Blogger Templates