Miércoles negro



Miércoles negro. Negro como el fondo de mi taza, amargo como el rostro de quien apenas logro reconocer subir al estrado. Un cabello más canoso hurta un semblante demacrado donde la sonrisa se exilió hace mucho tiempo. Unas ojeras hacen intuir al espectador un insomnio que lastra desde años. Sus extendidos brazos sostienen una derrota que, finalmente, consigue levantar. 

- Señorías -dice mientras el silencio se hace evidente dentro y fuera del televisor -, no es fácil para el Gobierno aprobar las nuevas medidas que les voy a anunciar. Y la dificultad no se aminora por el hecho de que estemos convencidos de su necesidad...

Son palabras que presagian un abatimiento insípido, un doblegamiento más que humillante, abyecto. 

Entre el eterno tintineo que causan los choques de las tazas, los platos de la barra, el áspero aullido de ira, odio, aplauso al fúnebre futuro, ese "hijoputa", el otro "nometoquesloscojones", yo ví una derrota más. Dolido observé cómo el índice del Ibex35 escalaba, vendía acciones y alguien se embadurnaba de carcajadas en su halo de tabaco. Díaz Ferrán, Amancio Ortega, Emilio Botín o quizás ese diputado que arqueaba las cejas, pestañeaba nerviosos tics y despuntaba una lengua, deleitándose de una mórbida victoria, llegarían a chisporrotear un mechero solamente para encenderse un purito en honor de sus  honores más ególatras. 

-Señorías, cuando concluyo mi intervención, soy consciente de que muchos ciudadanos no entenderán que, (...) les solicite más compromiso, les anuncie sacrificios (...)
Sois la columna que sujeta al país. Sois los que cargáis con su peso. Los que garantizáis el presente y el futuro de nuestra sociedad, sus posibilidades de crecimiento, de bienestar, de éxito. Los que dependéis de vuestro propio trabajo, de vuestro afán emprendedor, de las rentas públicas que os habéis ganado con los años -dice mientras estruja sus mandíbulas -. Asumo mi responsabilidad y me comprometo con ella.

Se despide. Sabe de antemano que los ciudadanos, buscadores de suplicio, eterna felicidad, le condenarán a la hoguera. Y mientras apoya su cabeza y garabatea su derrota de urnas, sube al estrado un diputado que levanta desde su flanco a sus seguidores. La jauría humana arruga su júbilo.

- ¡Por fin ha visto la luz, señor presidente! -prensa jocosamente con su dedo índice -.Tengo que lamentar que tengan que venir de fuera a decir lo que hay que hacer y vigilar las cuentas. Durante mi visita le ofrecí una oferta que rechazó y ahora tendrá que tomar unas decisiones impuestas.

A continuación ofrece sus propios recortes -que suponen un 0,06% de lo que piden los mastodontes de Frankfurt y Washington D.C.- y la tribuna lo aclama. Con cada propuesta que daba e iba más allá, hasta querer suprimir las subvenciones a sindicatos,  sus discípulos graznean, aletean sin apenas recordar que fuera del hemiciclo hay millones de individuos que padecerán tiempos modernos y difíciles. 

Han llegado las rebajas más europeas y neoliberales que jamás se hayan visto en mi país como en la Europa entera (a excepción de Grecia que padece su sufrimiento en el Tártaro del tijeretazo). Esa columna que mantiene un país cuyo Estado desapareció hace tiempo, volverá a sufrir más mientras otros se desabrochan cinturones. Los que garantizan el presente y futuro de una sociedad, son en realidad rehenes de bancos europeos, bonos fraudulentos y especulaciones que barajan el FMI y sus casas de apuestas, perdón, sus agencias de calificación. El capitalismo más feroz se ha engullido el último baluarte, el resquicio de lo que ha supuesto una lucha a muerte de los más desfavorecidos. En realidad solamente fue un tentempié, porque aún quedan platos fuertes que tragar, tales como la reforma laboral, napada en una exquisita reestructuración de las cajas y rematada con pactos de Toledo.  

He visto una derrota. No solamente la de un presidente enjaulado en los intereses y cuentas del establishment, peregrinos del Wall Street Journal, sino también del propio Estado, del sudor histórico que suponía engendrar un Estado del bienestar que ahora es malestar.

Spain, lamentablemente, ya no es different.

Comentarios

Yeray López ha dicho que…
Tenemos que cambiar el mundo. No podemos bajar los brazos ante tanta injusticia social.
Diebelz ha dicho que…
Pues sip. Yo ya iba a festejar la lucha por mi cumple, pero me cambiaron la huelga general para el 8-j. En fin...como dijo Marx: ¡La lutte continue!

Salu2

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