Gartxot

viernes, 19 de julio de 2013



Tú, sin embargo, enciendes el alma de la gente, haces feliz a la gente. Sin tí, el pueblo enfermaría. 


Dicen que es así. Aquellos que rondan por los altos de Elkorreta dicen que el silencio es atroz, una brecha oxidada, una cruenta herida que padece el valle desde que desapareció la voz. Dicen que es así. El silencio guarecido es de tal profundidad que podría no haber muerto por el hambre, el frío o la soledad, sino por ese golpe de remo asestado a la vida, a su voz, la voz encendida, capaz de acariciar los verdosos pastos de Izalzu y alrededores. Una voz convertida en canto que vivía en las hayas, los robles, en las entrañas de los frondosos bosques, en los riachuelos que susurraban cuando la oían. Aquella voz, aquél canto era de Gartxot, el bardo de Izalzu. Un humilde koblari (trovador) que con su hijo Mikelot despertaba alegrías y pasión con sus cantos tradicionales como novedosos y creativos a todos los lugareños del lugar, así como a los monjes de la abadía de Orreaga. Sus cantos sobre la batalla de Roncesvalles, la vida de los pastores y sus amores hacían a todos en júbilo. Pero -maldito pero- un día se asientan los monjes franceses de Saint Foi de Conques y con el empeño de enconar la convivencia e implantar su propio terror, destierran a Gartxot y secuestran a su Mikelot con el afán de enseñarle sus propias creencias y lengua. Sin embargo, el amor paternal no duda un instante y se alza contra la Iglesia y el poder preestablecido para recuperar a su hijo. Y no mediante la fuerza, sino mediante la poesía y el canto que será el arma que alzará al pueblo oprimido. 

Gartxot y su hijo Mikelot cantan las grandes proezas y alegrías junto con sus amigos
A partir de la leyenda oralmente transmitida durante siglos y recuperada por el escritor Arturo Campión en Gartxot, el bardo de Izalzu (1935), Asisko Urmeneta como Juanjo Elordi han rescatado este mítico héroe navarro de la Edad Media con un pretexto más que noble: reivindicar la memoria histórica y su transmisión oral. Con un dibujo fresco e ingenioso y pinceladas de gran calibre, el dúo Urmeneta-Elordi -aupado a la par por una genial banda sonora elaborada por Benito Lertxundi- elaboran una narración ávida que no desencanta ante este auténtico Drama en mayúsculas (nada apto para niños). Buscando una voz coral y dejando saltar a un monje apenado ante las tesituras de la Iglesia -y que no consigue redactar su Cantar de Roldán-, la obra de animación no es una mera reivindicación para valorar y conservar todo legado étnico y cultural -por no decir la aculturación, si el espectador ha estado atento con los legajos árabes de los cuales se nutrió la cultura tanto vasca como de otros lares-, sino también una urgente reflexión sobre la tergiversación de la historia para agrado de los poderosos y cómo los dorados versos de éstos pueden ser combatidos con la poesía humilde de Gartxot. Reflexión que tiene vigencia en la actualidad donde uno prefiere apagar la televisión, arrinconar los periódicos y huir a la poesía que siempre ha tenido una gran ventaja ante la historia y la realidad: posee la verdad. El bardo de Izalzu es la personificación de una minoría en la mayoría, el pugilístico canto que se elevó más allá de los valles no por su mera belleza, sino por ser uno de los cantos más cruentos y feroces, un arma quizás no cargada de futuro-parafraseando a Gabriel Celaya- pero sí de una verdad pura ante el odio, la egolatría y el poder. 

Gartxot,  se eleva como un tour de force ante las adversidades y los pecados infernales. Un héroe malherido, pugnando contra la muerte y con tan solo dos armas: el amor y el canto lírico. 




Título: Gartxot, konkista aitzineko konkista
País: España
Año: 2011
Duración: 85 min.
Director: Asisko Urmeneta y Juanjo Elordi
Guión: basada en la obra "Gartxot, el bardo de Izalzu", de Arturo Campión
Música: Benito Lertxundi
Producción: Somuga



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