Calabuch

Con el acto de rebobinar -o releer en caso de ser un libro- podemos volver en cualquier instante a esos mundos que se escapan de la loca realidad. Y entre tantos lugares que van desde Macondo hasta Bedford Falls, existe uno que me gusta particularmente: Calabuch.
Calabuch es un pueblecito que se empeña en ser añorada y querida no por una bandera o un patético patriotismo, sino por sus gentes, parafraseando así a Federico Luppi en Martín (H)ache. Es un lugar donde no existen sistemas autoritarios ni poderes fácticos, donde las tenazas de las dictaduras de generales bigotudos o los misiles de pequeñas superpotencias no consiguen destruir una ilusión. En ella las cárceles son pensiones, los faroleros verdaderos astrónomos y los toros tan vividores como quienes intentan marearlos.
Los habitantes te acogen sin más, y tanta es su bondad y ternura, que se levantarían como los viejos romanos para defender tu libertad. Eso mismo fue lo que experimentó el científico norteamericano Jorge Hamilton (Edmund Gwenn) al arribar a aquella localidad costera. Buscaba y encontró ese lugar que se escapaba de la locura, donde podías ser tú mismo, guardar tu secreto más íntimo y contemplar y vivir la vida humildemente como si se tratara de aquél bote Esperanza que mima Vicente (Manuel Alexandre) diariamente. Donde te sientas en una mesa a jugar al dominó con el guardia Matías (Juan Calvo), que se preocupaba paternalmente por su contrabandista más querido, el Langosta (Franco Fabrizzi), después darte un baño en la playa y ,finalmente, ver cómo iba esa partida de ajedrez entre el farolero (ese gran Pepe Isbert) y el buen cura Don Félix (Félix Fernández) vía telefónica.
Para los Berlangianos -y los que todavía no lo son- Calabuch se rebobina sí o sí. Pueda que debido al contexto en el que se rodó (la Guerra Fría, la dictadura del nunca franco Franco) muchos aprecien esta película. Yo la aprecio por lo que contiene. Por la humildad y los valores que expresa cada uno del colectivo, de la comuna que nunca llegó a derrumbarse. Por la risa inteligente y ese aderezo que te emociona. Por su ideario y por la lucha contra el implacable destino que debe sufrir Jorge. Decía éste simpático viejo desde lo más alto del cielo ver su último cohete. Un cohete especial, relleno de 928 risueños rostros, nunca de hidrógeno o cobalto. Pero lo cierto es que yo suelo lanzar y ver más de uno. Rebobino. Y más ahora donde hablan de crisis que no es económica, sino también de valores.
Les dejo con el trailer de la película:
Calabuch
Título: Calabuch
Año: 1956
País: España, Italia
Dirección: Luis García Berlanga
Guión: Luis G. Berlanga, Leonardo Martín,Florentino Soria, Ennio Flaiano
Música: Angelo Francesco Lavagnino & Guido Guerrini
Fotografía: Francisco Sempere
Reparto: Edmund Gwenn (Jorge Hamilton), Valentina Cortese (Profesora), Franco Fabrizzi (El Langosta), Juan Calvo (guardia Matías), Félix Fernández (cura Don Félix), José Luis Ozores (el torero Cucherito), Pepe Isbert (el farolero Don Ramón), Francisco Bernal (Crescencio), Manuel Alexandre (Vicente), Pedro Beltrán (Fermín), Nicolás D. Perchicot (Andrés).
Producción: Águila Films
Comentarios
Salu2 !
Porsela, ¿me la empiezo a bajar ya?