En la calle de los sueños rotos...

jueves, 22 de septiembre de 2011


65.400 veces me habéis abierto la caja torácica. 481 veces me habéis trazado en el rostro estrellas fugaces, izado cuando estaba hundido, tocado por la vorágine de desastres que gobierna ese rumor perenne a mis costados. La mirada que más os ha embriagado fue Novecento. El poema más laureado cuando la dulce furia roja ahuyentó la crisis de nuestras aceras. La palabra más querida y buscada es mi máscara -diebelz- y no sé si sonrojarme o preocuparme. Los latidos que fluyen por mi hogar provienen mayoritariamente de Francia y Bélgica; tres o cuatro me miran con susurros y se convierten en gracejos cuando nos tropezamos en el boulevard de la vida; dos me embriagan con sus presencias; y uno, por una vez, me secuestró para colgarme en un efímero sueño. 

Ya son 200 entradas desde que reconstruí con vigas léxicas y partituras como paredes este recóndito lugar que flota sin rumbo por calles deshiladas. 200 entradas que, a fin de cuentas, todas viven por ser un recuerdo vivido (sentido, revivido como diría Fromm, nunca recordado como si se tratara de muertes embaladas en una caja de zapatos). 200 ventanas que he compartido con ustedes y que, sin ustedes, no tendrían sentido. Y como Pablo Perea se enteró que cumplía 200 entradas ha tenido el gesto de subir al escenario y tocar esa canción que habla de este lugar que habito. Así que tomen asiento, dilaten sus ojos y disfruten de su presencia aquí. Y gracias, gracias por leerme, escribirme, enseñarme, compartir tanto en la calle de los sueños rotos...






4 comentarios:

el gato utópico dijo...

En el último programa hablé (y necesariamente tengo que pedir perdón por comenzar haciendo auto-bombo) acerca de la necesidad de repartir las mochilas. El Gato Utópico, la radio, Gabriel y tantos más. Tal como hacía Pessoa con sus cuatro poetas interiores. Y los cinco hacían lo mismo, Pessoa incluído... los cinco miraban al sur esperando que llegaran los barcos que traerían cartas escritas con tinta azul.
No... que tal vez no son buenos tiempos para los sentidos.
Mientras otros juegan a la bolsa con nuestras miserias, otros nos encontramos por las esquinas mendigando abrazos.
Así fue que nos conocimos un día. Así fue como te conocí.
Y encontré aquí en tu casa, lo que solo se ve reflejado en la mirada del compañero.
Celebro aquel día.
Festejo la existencia de tu abrazo.
Te he visto crecer. Madurar cada nueva palabra. Parir. Y si bien Novecento sea el más leído, yo me quedaré siempre con el último post que hayas subido.
Que de parir madrugadas, de compartir lo que no está en venta. Y eso, no es poca cosa.
Entre tu calle de los sueños rotos y mi desolation row, en esa esquina nos seguiremos encontrando... seguramente.
Mi mejor abrazo, compañero.

Diebelz dijo...

Celebro igualmente ese encuentro casual que no se ha visto truncado, que se sostiene sobre puentes de palabras. Sinceramente, me siento muy halagado por lo que has expuesto y te agradezco casi sin aliento este tatuaje que dejas aquí, la mirada que compartimos y sí, estoy más que convencido que nos cruzaremos más de una vez en esa esquina. ¡Otro fuerte abrazo para tí, Gato!

Mar dijo...

Estimado sr. W,
No sé si mandarte un saludo o pedirte un autógrafo. Como siempre que me acerco a dar una vuelta por aquí, tienes algo educativo, que hace pensar, y es un descanso para el alma en esta mi ajetreada vida, que tan bien conoces desde hace tiempo.
Espero que al abrir tu buzón te encuentres dentro de poco un soplo de aire fresco, que viene del norte. No de nuestro norte, aquel en donde nos cruzamos, sino de otro sitio...

Diebelz dijo...

¡Ou la lá! ¿Sabes? No sé cómo lo haces pero siempre que me avisas que mire mi buzón, ese mismo día, encuentro algo en él. Así que gracias, ¿eh? En serio, me vendrá genial para decorar el piso, jaja. Oye, ya sabes que soy poco dado a los autógrafos pero me alegra saber que este recóndito rincón sirva para desaparecer del rumor del ajetreado mundo. Y eso, gracias otra vez, Mar.

¡Salu2! ;)

 
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